En su libro, Elaasar escribía en el 2009: «El presidente es literalmente sagrado y está por encima de la ley. Él es la ley. La presidencia en Egipto significa poder absoluto. El presidente tiene un estatus más grande que el pueblo y el país». Sin embargo, el autor ya detectaba «signos de implosión inminente», que han conducido finalmente a la revuelta que ha depuesto al dictador. «El dominio completo de Mubarak sobre el país, así como los rumores sobre la riqueza de su familia, es decir, el matrimonio, entre negocios y poder, acabaron por desacreditar a Mubarak», afirma.
-¿Qué signos vio para pronosticar el levantamiento?
-Yo lo pronostiqué basándome en la peligrosa situación de Egipto por la pobreza, el desempleo, altísimo entre los jóvenes, incluso entre los más cualificados, la descomunal corrupción endémica, la frustración, la desesperanza y la represión. Hasta el punto de que yo sentía que el pueblo de Egipto estaba a punto de estallar. Era una bomba de relojería que ha terminado por explotar.
-¿Qué escenario es posible ahora? ¿Llegará la ansiada democracia a Egipto?
-Egipto se puede encaminar hacia una democracia una vez que se establezca un Gobierno que represente a todos y haya libertad de expresión en los medios de comunicación. Además de acometer otras reformas. Esto debe hacerse lo antes posible.
-¿Cómo valora la actuación del Ejército?
-Yo no creía que se pusiera del lado de un detestado dictador, rechazado por todos los egipcios. Espero que no tome partido en la política. Egipto lleva casi 60 años bajo Gobiernos militares y el pueblo ahora quiere un cambio. No quiere que se sustituya a un dictador militar por otro.