La verdad de Berlusconi


El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, se siente acosado por los fiscales. Llueve sobre mojado. Son tantos los juicios por cuestiones económicas (sobornos, evasión de impuestos...) que tiene pendientes y que ha conseguido aletargar, que ahora, en la antesala de ser enjuiciado por incitación a la prostitución de menores y abuso de poder, saca pecho para confundir su persona con el Estado. Todavía no debe de tener claro que las chicas de sus correrías no bailan ni se acuestan con el Estado. Las acusaciones «llenan de fango el país», «ofenden la dignidad de Italia», dice. Y con ínfulas afirma que pedirá una indemnización al Estado.

Pero la única verdad de momento para todas las partes es que Berlusconi es rico. Como si eso le diese bula, ayer nos lo recordó: «Soy un rico señor». Y es eso lo que le permite aprovecharse sin escrúpulos de jovencitas inmaduras, y con un bajo nivel cultural y económico. Claro que él se siente el mecenas que las saca de la miseria con sus regalos en especie (joyas) y en euros. Da asco, él mismo lo dijo, refiriéndose al escándalo. Sobre todo por un comportamiento más que reprochable en un cargo público electo, además de ilícito si llega a demostrarse, por ejemplo, que abusó de su cargo para liberar a Ruby. Está por ver si los italianos seguirán votando a un «señor» que «se acuesta con menores».

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