El Gobierno de Túnez se tambalea en su primer día

kaouther larbi TÚNEZ / AFP

INTERNACIONAL

Lo abandonan tres ministros, mientras vuelven las protestas a la calle

19 ene 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Tres ministros tunecinos abandonaron ayer el Gobierno de unidad formado la víspera, y miles de personas volvieron a las calles de la capital para protestar contra la permanencia en él de compañeros de viaje del ex presidente Ben Alí. Los tres ministros tomaron la decisión a instancias de su sindicato, la influyente central UGTT, que decidió no reconocer a las nuevas autoridades, anunció uno de ellos, Husin Dimasi, el fugaz titular de Trabajo.

Otra formación, el Foro Democrático para el Trabajo y las Libertades (FDLT), suspendió por su parte su participación en el Gobierno, lo cual llevó a uno de sus dirigentes a abstenerse de jurar el cargo de ministro de Salud.

Tras trascender que el nuevo Gobierno, de 24 carteras, conservaba a varias figuras prominentes del régimen derrocado en puestos clave, incluyendo al primer ministro y a los ministros de Interior, Relaciones Exteriores, Defensa y Finanzas, miles de tunecinos volvieron a salir a las calles de la capital. Además, unas 5.000 personas se manifestaron en Sfax (centro-este), centro económico del país, para exigir un corte radical con la dictadura. Miles de personas se congregaron en Sidi Buzid, en la misma región donde empezó a mediados de diciembre la movilización popular.

Ghanuchi deja el RCD

En un primer momento, el primer ministro, Mohamed Ghanuchi, defendió a los ministros procedentes de la época de Ben Alí, como él mismo, con el argumento de su cualificación y de que no estaban contaminados por la corrupción. Sin embargo, presionado por la revuelta y para tratar de distanciarse de su pasado, tanto él como el presidente provisional Fued Mebaza abandonaron la Asamblea Constitucional Democrática (RCD), el partido del derrocado presidente. La RCD, por su lado, anunció haber expulsado de sus filas al dictador y a seis de sus colaboradores más estrechos. Además, según el dirigente socialista francés Jean-Christophe Cambadélis, el partido también fue excluido de la Internacional Socialista.

La rebelión, que según fuentes oficiales dejó 78 muertos, causó pérdidas por 1.600 millones de euros, equivalentes a cerca de un 4% del PIB.