El EKLN (un grupo guerrillero) asesinó a su padre y las amenazó de muerte a ella y a su madre. Con su abuela huyeron a Tailandia, donde su progenitora trabajó en industrias que emplean a birmanos ilegales. Murió un año después, víctima del sida. Ahora es Sripet la que sufre la enfermedad. Ya se manifiesta en forma de heridas que cubren su cuerpo. Sin el estatus de refugiada por culpa de problemas burocráticos, no tiene acceso a ningún tratamiento médico. La niña vive en un palafito de bambú junto a su abuela, que, con 83 años, es incapaz de cuidar de ella. Afortunadamente, en la escuela no sufre discriminación. «Hay más niños como yo. Nadie se ríe de nosotros y jugamos todos juntos».
«No sabemos cómo se contagió la madre, pero muchas otras han contraído el virus al ser violadas en Birmania, o al ser forzadas a ejercer la prostitución. Muchos clientes no quieren usar preservativo, y las mujeres no tienen opción», cuenta la tutora. «El sida se extiende sin control por la región y muchos niños padecen ya la enfermedad».