Decenas de miles de personas participaron en la concentración en Washington para restaurar la cordura en el debate político y neutralizar el avance ultraconservador
31 oct 2010 . Actualizado a las 02:36 h.Decenas de miles de personas se manifestaron ayer en Washington a favor «del sentido común» e, irónicamente, del «miedo al radicalismo» en un acto multitudinario, convocado por el famoso humorista y presentador Jon Stewart, a tres días de las elecciones legislativas. Fue un canto a la moderación en un momento en que el ultraconservador Tea Party ha sembrado la discordia en Estados Unidos. La demostración se proclamó apolítica, pero claramente congregó a simpatizantes de la izquierda y demócratas, que juegan su última carta antes de las urnas.
«Barack Obama ha hecho un montón de cosas buenas en sus primeros dos años de Gobierno, el problema es que no ha sabido transmitir bien su mensaje», aseguraba el joven Kevin Klein, voluntario del Partido Demócrata.
Esa desconexión entre el presidente y su pueblo es uno de los problemas de la Administración. El otro, los mensajes incendiarios contra Obama, que lo acusan de comunista o musulmán, lanzados por personajes ultraconservadores como el presentador de la cadena Fox Glenn Beck, promotor de la marcha «Restaurar el honor del país» de agosto, y que inspiró la contramanifestación de ayer.
«Estadísticamente esta demostrado que Beck y el Tea Party es tan solo una minoría, lo que pasa es que gritan mucho y reciben demasiada atención de los medios», explica Erika Patrick, una escritora residente en Washington, para la que este acto «es el antídoto para demostrar que puedes ser moderado, pacífico y todavía atraer a miles de persona».
Desde los días del discurso de inauguración de Obama no se recordaba en la ciudad de Washington una manifestación tan multitudinaria como la que tuvo lugar ayer en la capital y que según las primeras estimaciones reunió a más de 300.000 personas.
Humor como argumento
Parte del éxito de la convocatoria se basó en su capacidad para tender puentes más allá de las ideologías y utilizar el humor como único argumento político. «Buscamos a gente que crea que gritar es molesto, contraproducente y malísimo para la garganta», aseguraban los organizadores.
El mensaje llegó a gente como el marine John P. que, a pesar de no haber votado por los demócratas en las ultimas elecciones, acudía a la cita. «Desde mi punto de vista, este acto no tiene color ni ideología», afirma. «Soy un independiente y ahora mismo no se por quién votar, pero lo que sé es que no votaré por el radicalismo ni tampoco por el miedo, ni siquiera estando en Halloween».