Dilma Rousseff, de 62 años, participa por primera vez en una disputa electoral, pese a que se dedica a la política desde la adolescencia.
Nació en Belo Horizonte, hija de un poeta y empresario búlgaro y de una maestra brasileña. Inició sus estudios en una escuela católica, pero muy pronto se decantó por las ideas marxistas, lo que la llevó a unirse a los 17 años al grupo Política Obrera. Tres años más tarde se acercó a movimientos más radicales (el Comando de Liberación Nacional), que a la postre se unió a la Vanguardia Popular Revolucionaria, donde recibió entrenamiento de guerrilla, aunque asegura que jamás llegó a participar en acciones armadas.
Perseguida por la policía política, en 1969 abandonó a su primer marido y sus estudios de Economía y pasó a la clandestinidad. En enero del año siguiente fue capturada y sometida a torturas: «Nadie sale de esto sin huellas», admitió en una entrevista el año pasado, en la que reveló que los casi dos años que pasó como en prisión le dejaron problemas de tiroides.
Lula la conoció poco antes de conquistar la primera de sus dos victorias, cuando participaba en una reunión con expertos en el sector de energía. Impresionado por el profundo conocimiento de Rousseff en la materia, la nombró ministra de Minas y Energía en enero del 2003. Desde entonces, su relación se fue estrechando, y en el 2005 Lula no tuvo dudas en designarla ministra jefa del Gabinete Civil de la Presidencia cuando el entonces titular, José Dirceu, debió abandonar el Gobierno por un pago de soborno.
Tienen una relación de padre e hija. Él admira sus cualidades y ella le tiene una lealtad absoluta.