Al mando, pero sola


Argentina llora por el duro golpe de la desaparición del hombre que «vendió» que él era el Estado y después de él, la nada. El ex presidente Néstor Kirchner, que cimentó su carrera en la crisis del 2001, emuló a Perón y preparó la maquinaria para que su mujer, Cristina Fernández, lo sucediera en el 2007. Y lo consiguió. Pero en Argentina siempre se habló del matrimonio presidencial, no de Fernández. Ahora, la pregunta del millón es si ella será capaz de continuar con el kirchnerismo. El reflejo de esa soledad, comprensible en lo personal y sospechosa en lo político, lo plasmó estupendamente ayer la líder de las Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Carlotto, al decir que «Cristina se queda al mando de un país, pero tan sola...».

El poderoso e influyente Kirchner estaba otra vez engrasando la maquinaria del Partido Justicialista para optar a las presidenciales del 2011, porque era el verdadero artífice de la unión. ¿Qué será ahora del peronismo? ¿Optará Cristina por postularse o dejar que el delfín Daniel Scioli, gobernador de Buenos Aires y vicepresidente del partido lo intente? El escenario es complicado y, además de conmoción, en Argentina hay mucha incertidumbre.

Pocos creen que Fernández sea capaz de mantener al país al margen de la crisis financiera, y al partido, unido, en parte porque el propio Kirchner se encargaba de dar la imagen de que él era el titiritero y los demás las marionetas. Se habla de un antes y un después de Kirchner. Él era el poder. Ahora la presidenta tendrá la oportunidad de demostrar su valía política. En lo personal, lo dirán algún día los tribunales cuando se diluciden las acusaciones de enriquecimiento y asociación ilícitos para hacer negocios en Argentina y Venezuela.

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