Sarkozy afronta su propio Mayo este otoño

Esperanza Suárez PARÍS/LA VOZ.

INTERNACIONAL

Preveía la contestación, pero creyó que la dureza de la crisis haría más dóciles a los trabajadores

17 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

La historia confirma que en Francia las revoluciones empiezan poco a poco. Nicolas Sarkozy ha cometido el error de subestimar la voz de la experiencia al hacer coincidir una reforma tan sensible como la de las pensiones con el otoño, tradicionalmente caliente. Tenía prevista la contestación y las huelgas, pero contaba con la dureza de la crisis y la necesidad de los trabajadores de cobrar sus mensualidades íntegras para que la movilización fuera limitada, unos días tensos con problemas en el transporte. Nunca se le ocurrió, en cambio, que los adolescentes fueran a tomar la calle para defenderse a sí mismos y a sus mayores, ni que las refinerías dieran el relevo a los ferroviarios para poner en jaque a la República.

La huelga empieza a ser peligrosamente contagiosa y la realidad se impone incluso entre los consejeros del Elíseo. Esperan que las vacaciones de Todos los Santos (diez días con los institutos cerrados) calmen los ardores reivindicativos de los más jóvenes. Pero la policía ya ha metido la pata al herir gravemente a un adolescente con una pelota de goma, una forma de encender la mecha. Y los sociólogos se empeñan en llevar la contraria a quienes denuncian que son víctimas de la manipulación de los mayores: se están sumando al conflicto para demostrar que existen y que tienen algo que decir sobre su futuro, argumentan.

En el fondo, todos sueñan con su propio Mayo del 68, curiosamente el último año de referencia de huelga salvaje en el sector petrolero.