El martes, el momento de la verdad

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

Si fuese todavía cierto que las modas vienen de París, la huelga general estaría lejos de ser algo obsoleto. Van ya más de media docena en Francia en pocos meses y todavía se espera otra para el martes. Su éxito puede medirse por el hecho de que incluso las cifras a la baja que ofrece el Gobierno harían las delicias de cualquier movimiento sindical. Simbolismo donde los haya, hasta la torre Eiffel estaba cerrada ayer. Pero no es el conteo de manifestantes lo que preocupa al Elíseo, sino los sondeos, donde el rechazo a la reforma de las pensiones es muy amplio. Al menos, el rechazo a esta reforma. Ha calado el convencimiento de que es necesario reducir el déficit, pero muchos echan cuentas: si se prolonga la vida laboral a los 62 años, en el 2018 un millón doscientos mil trabajadores mayores permanecerán en sus empleos, con lo que desaparecerán otros tantos puestos de trabajo y el paro aumentará casi un 50% de golpe. Quizás de ahí que el mayor rechazo a la reforma se dé entre obreros y jóvenes.

Sarkozy, por su parte, no quiere dar marcha atrás. Le urge resolver este asunto para hacer una crisis de gobierno profunda en la que posiblemente se deshará de François Fillon. Esto quiere hacerlo a tiempo de presentarse ante el G-20 en noviembre en Seúl con la medalla de no haber cedido en nada. Desde luego, no lo ha hecho. Hasta ahora, la enmienda más importante que ha sufrido la ley la provocó un senador que se equivocó al votar. Sarkozy confía en que las grietas que se avistan en la unidad sindical se agranden a partir del martes, cuando la ley pase el trámite del Senado. Y probablemente será así.

La táctica de las huelgas espaciadas fue un compromiso entre la izquierdista CGT y la reformista CFDT, pero en ambos sindicatos hay mucha gente incómoda. El líder de la CFDT estaba incluso a favor de la reforma de Sarkozy hasta que una deserción en masa de sus afiliados a la CGT hizo que se diera cuenta de que en realidad estaba en contra. Pero sigue abogando por dejar la protesta una vez que la ley se apruebe. En la CGT la falta de respuesta del Ejecutivo ha caldeado los ánimos, se cuestiona la línea moderada de su líder y, con la progresiva movilización de los estudiantes, se espera que el movimiento se radicalice aún más.

Los sindicatos los han llamado como quien saca un talismán o llama a la caballería. Ayer los columnistas franceses señalaban que en el 2007 fueron los bachilleres quienes lograron frenar la gran reforma laboral del Gobierno Villepin. Otros se remontaban más atrás para recordar que llegaron a derribar a De Gaulle, aunque concediendo que estos son otros tiempos. Eso sí, el aeropuerto que lleva el hombre del general en París andaba ayer escaso de combustible.