Los jóvenes se unen a las protestas porque creen que les espera la precariedad
INTERNACIONAL
Inimaginable. Los sociólogos coinciden en que hace 42 años ni un solo estudiante se habría movilizado pensando en su jubilación. Es Mayo del 68 al revés: otras circunstancias, otras ambiciones de futuro, pero siempre el mismo malestar latente de los jóvenes con la incertidumbre por delante.
En la gran revuelta que todos los jóvenes estudian ahora en los liceos, las perspectivas eran de crecimiento económico ilimitado. Ahora, sienten que solo les espera la precariedad. Como dijo ayer un estudiante movilizado en París: «Estamos aquí porque no queremos vivir peor que nuestros padres».
Desde el primer momento de la movilización de los alumnos de instituto, los padres han asumido el papel de instructores. Los franceses saben muy bien cómo hay que comportarse en una manifestación y procuran transmitir a sus hijos su propia experiencia. Incluso les acompañan, toda la familia unida. Es una cultura.
A los 15 o a los 16 años, «no ven ningún indicio que les permita pensar que tendrán derecho a una jubilación, solo perciben que les faltan al menos 10 años para encontrar un trabajo y se sienten completamente olvidados», afirma la socióloga Anne-Marie Guillemard, segura de que esta reforma ha conseguido romper el pacto entre generaciones.
Su colega Jean-Pierre Le Golf tiene claro que esta rebelión es parte de la educación que han recibido los jóvenes, acostumbrados a «ser autónomos desde la guardería». Sostiene que ahora toca pagar el modo de relación que los adultos han impuesto en los últimos 30 años.
En las manifestaciones de este octubre predominan los hijos de buena familia, nada que ver con la rebelión de los suburbios y los coches que incendiaron hace cinco años los hijos de los inmigrantes en protesta por unas condiciones de vida tercermundista. La pancarta se repite y está a años luz del «prohibido prohibir» o «la imaginación al poder».
Los adolescentes de ahora se alinean detrás de un «Condenados a trabajo perpetuo», que dice mucho sobre la angustia con que afrontan el futuro. Les falta medio siglo para aspirar a una pensión.
Nicolas Sarkozy siempre ha despreciado la herencia del 68. Ahora le toca enfrentarse a otra cara de la moneda, pero también con los jóvenes como protagonistas.