O es absuelto o el delito ha prescrito. Y si no, siempre se puede aprobar una ley que lo bendiga con la inmunidad. Il Cavaliere es único, de eso no hay duda. Tanto, que casi ya no es noticia en Italia que se abra una nueva investigación judicial contra él. La pregunta es cuál será la nueva treta.
Ahora tiene abiertos tres procesos (el caso Mills, por sobornar a un abogado para que no declarara en su contra, y el caso Mediaset, por fraude fiscal en Roma y Milán). Pero Maquiavelo tiene un discípulo muy aventajado. Y desde hace años Berlusconi se ha ido sacando de la manga leyes para mantenerse a salvo.
La última es la del «legítimo impedimento», aprobada en marzo, que salva al jefe de Gobierno y a sus ministros de ir a juicio mientras ejercen sus funciones, basándose en que se les debe garantizar la «serenidad» en su trabajo. Un eufemismo que no casa con el excesivo dirigente.
El próximo 14 de diciembre el Tribunal Constitucional debe pronunciarse sobre ella y es probable que la declare ilegítima. Su predecesora, la ley Laudo Alfano, fue declarada inconstitucional en el 2009. Y aún hubo otra anterior en el 2004.
Pero Berlusconi ya tiene en su mente una nueva treta para bloquear la decisión del alto tribunal. Esa treta pasa por una reforma de la Constitución. Para ello necesitará del apoyo de su ex aliado Gianfranco Fini, pero no lo obtendrá a cambio de nada. En medio debe frenar cualquier intento de adelanto electoral.