A medida que se acerca el día 20, cuando se anunciarán con detalle los recortes del gasto público, el Gobierno británico está abriendo más la puerta de la caja de los horrores: la que encierra todas las medidas que el binomio David Cameron-Nick Clegg pretenden aplicar, en especial profundos recortes en el Estado de bienestar, en un intento por reducir el déficit público. Pero cuanto más se sabe, más crecen los interrogantes sobre el fin o los fines de estos recortes.
Hasta el momento, la medida más polémica es la de limitar a partir del 2013 la actual ayuda por hijos que se concede a todas las familias británicas, independientemente de sus ingresos. La prestación dejará de concederse a aquellas familias en las que uno de los padres cobre más de 50.000 euros anuales, incluso cuando solo haya un sueldo en la unidad familiar, motivo que llevará a la paradoja de que en un hogar con los dos padres trabajando y percibiendo cada uno por debajo de los 50.000 euros, en conjunto digamos 98.000 euros al año, recibirán las ayudas por hijo. En el caso de una familia con dos hijos, esto supondrá dejar de percibir una ayuda anual de unos 2.000 euros.
El Gobierno de coalición también pretende imponer un tope al subsidio por vivienda, que se aplicará según la zona y los ingresos de la familia, así como un tope en el apercibimiento de subsidios para los parados, con una cifra máxima semanal del conjunto de subsidios no superior a la media de ingresos semanales de un trabajador.