Fidel Castro no para desde que a comienzos de julio reapareció en público tras cuatro años de convalecencia. El último, por ahora, de sus actos fue para presentar su primer libro autobiográfico « Por todos los caminos de la sierra: la victoria estratégica » ante sus «muchachos», combatientes de la guerrilla a los que fue saludando por su nombre de pila o apodos, amigos de muchos años y otros más recientes, como el niño balsero Elián González.
Durante más de hora y media, muchos de los presentes recuperaron recuerdos plasmados en un amplio volumen, 896 páginas, que testimonian los enfrentamientos contra el Ejército de Batista en agosto de 1958.
Al presentar la obra, el autor leyó el capítulo 25: El balance final de la batalla. Se mostró agradecido a Katiuska Blanco, periodista y biógrafa de los primeros años de su vida y de la familia Castro Ruz, que se encargó de la edición del texto, y al equipo de la Oficina de Asuntos Históricos que «todavía están desempolvando papeles, un montón de papeles». Son tantos los documentos, que allí mismo anunció que ya trabaja en otro libro. «Los recuerdos se van organizando», afirma. Señaló que desde junio del 2009 ha trabajado duramente en la primera parte que está viendo la luz pocos días antes de su 84 cumpleaños.
Vestido con pantalón deportivo y una camisa roja, el todavía primer secretario del Partido Comunista de Cuba, daba fe de que estos años ha estado leyendo y escribiendo, como dijo en una de las escasas ocasiones en las que se refirió a sus actividades tras delegar el poder en las reflexiones que comenzó a publicar en los medios oficiales poco después de que en julio del 2006 unas hemorragias intestinales casi le cuestan la vida.
En estos años fueron numerosos los rumores sobre su salud, y el cubano medio se había acostumbrado a verlo solo en fotos o en televisión. De ahí que sorprendió su reaparición pública el mismo día que Raúl Castro recibía al ministro Moratinos y al cardenal Jaime Ortega, y se anunciaban las excarcelaciones de 53 disidentes.
Desde entonces se ha reunido con científicos, con jóvenes, ha recibido al canciller chino, e incluso ha participado en un programa televisivo.
Pero no ha dicho ni una palabra sobre los asuntos isleños. Por esa razón, unos opinan que se opone a las decisiones de su hermano, y otros, que con su salida pública justamente lo está apoyando. Muchos cubanólogos insisten en que el menor de los Castro nunca hará nada importante que pueda molestar a su hermano.