La reforma del Estado volverá a ser el principal tema de debate

La Voz

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Las estructuras de convivencia de las que se han dotado flamencos y valones son tan complejas que llenan su sistema político de paradojas. Así, Bart de Wever es el ganador de las elecciones con el 30% de los votos en Flandes, aunque el cómputo nacional no alcanza el 20%.

El sistema obliga también a que el Gobierno cuente con ministros francófonos, lo que obliga al candidato a primer ministro a recabar apoyos en Valonia, que tradicionalmente se opone a las propuestas de mayor descentralización que reclama Flandes. Y dado que el programa de De Wever está basado precisamente en una profunda reforma institucional, no le será fácil obtener el respaldo que necesita.

Di Rupo

La prensa belga especulaba ayer incluso con la posibilidad de que el N-VA permitiese un Gobierno liderado por Elio di Rupo, líder de los socialistas valones, apoyado también por ecologistas francófonos y socialistas flamencos, a cambio de que ese Gabinete se comprometiese a facilitar los cambios que reclaman los flamencos. Sería toda una novedad, porque los belgas no conocen a un ministro francófono desde hace casi cinco decenios.

De esa forma, De Wever lo tendría relativamente fácil para conseguir su propósito, que no es otro que ir preparando al país para, en sus propias palabras «diluirse dulcemente». El N-VA ha llegado incluso a proponer transformar al país en una Confederación, en la que el Gobierno central solo gestione los asuntos relacionados con la defensa y la diplomacia exterior y en el que el resto de poderes, incluida la recaudación y la gestión de los impuestos y de la Seguridad Social, quede en manos de las regiones.

Los valones saben que lo único que frena ahora los deseos flamencos es la frágil arquitectura institucional que estos quieren reformar, así que han empezado a tomar posiciones con un discurso que recuerda a situaciones de guerra. Como la reclamación de que los flamencos cedan parte de su territorio para crear «un corredor francófono» entre Valonia y Bruselas, la ciudad que mejor resume las paradojas de Bélgica: es la capital del país, pero también de Flandes, y en ella viven un 80% de galoparlantes a pesar de que está ubicada, como una pequeña isla, en zona flamenca.