Sin problemas de botellón

X.?V. Gago

INTERNACIONAL

La policía hace cumplir las normas en los espacios públicos, aunque eso no evita el vandalismo los fines de semana

04 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

La mayoría de los ingleses terminan su jornada laboral entre las 16.30 y las 18.00 horas, y muchos de ellos pasan directamente del puesto de trabajo a la barra del pub. La bebida nacional inglesa es la cerveza, y el vino, aunque gana terreno, sigue asociado a los sofisticados vecinos franceses. Darse a la cerveza a las cinco de la tarde puede parecer muy pronto para un español, pero durante los duros meses de invierno a esa hora ya es noche cerrada en la isla. Una pinta sale por unas tres libras. La típica cerveza inglesa es fuerte, muy densa, se suele servir del tiempo y los turistas acostumbrados a los líquidos aguados que se suelen tomar en España corren el riesgo de terminar borrachos o ser incapaces de beberla. Los ingleses responsables toman hasta dos pintas o dos y media al día.

Pero con los irresponsables es distinto. Igual que en España, no es difícil encontrarse con jóvenes piripis pegando gritos en plena calle durante el fin de semana. La diferencia es que, por los horarios ingleses, suelen empezar muy pronto, incluso a las cuatro de la tarde. El botellón es casi desconocido. Las normas de comportamiento en los espacios públicos son estrictas. En todos los parques hay señales detallándolas y la policía las hace cumplir. La cerveza también es lo más consumido por los jóvenes, porque el precio de los combinados en los pubs es prohibitivo y en cada uno se sirve una medida de 25 mililitros de bebida espirituosa. Algunos pubs han subido esa ración tradicional a 35 mililitros, pero eso no ha evitado que cada vez más chicos vayan al supermercado a comprar alcohol.

El vandalismo derivado de las borracheras juveniles es uno de los temas predilectos de los tabloides. En octubre del año pasado la prensa amarilla pidió un castigo ejemplar para Phil Lang, un chico de 19 años que, en plena melopea, no tuvo mejor ocurrencia que orinar en un monumento a los caídos de la Segunda Guerra Mundial en Sheffield. Las víctimas en esa contienda gozan de un carácter casi sagrado, y en plena ola de indignación se formó un grupo de Facebook que pasó de los 4.000 miembros para que fuese condenado a una pena de prisión. Finalmente, el juez le impuso 250 horas de trabajos comunitarios.