La base del disturbio

Ángela Rodicio

INTERNACIONAL

La oposición de Kirguistán, que ascendió al poder después de los violentos enfrentamientos del miércoles, ha disuelto el Parlamento y ha formado un Gobierno provisional que regirá los destinos del país durante los próximos seis meses. Los disturbios, a la caucásica, no han sido condenados ni por EE.?UU. ni por Rusia.

La nueva presidenta, Rosa Otunbáyeva, asegura que la mayor base militar norteamericana en el extranjero, la de Manás, continuará abierta. Kurmanbek Bakíev había afirmado repetidamente, y contra las indicaciones de Washington y Moscú, que ha estado jugando esta carta para presionar a la Casa Blanca, que la base era prácticamente un Estado dentro de su Estado, y que atentaba contra la soberanía de Kirguistán. Con la guerra en Afganistán en su fase más delicada, y futuras operaciones contra Irán, la base de Manás es de vital importancia para EE.?UU. ¿Qué importa el grado de violencia que solo se ha intuido en las imágenes que han llegado por televisión desde Kirguistán, según el Banco Mundial uno de los países más corruptos del mundo? ¡Qué difícil de asimilar que esos enfrentamientos de una crueldad medieval no hayan sido ni siquiera puestos en entredicho por los organismos internacionales! La base del disturbio seguirá abierta.