Obama aprovechó su estancia en Praga para reunirse con once representantes del antiguo bloque del Este, región que tuvo excelentes relaciones con Washington en la etapa de Bush, pero que ahora se siente marginada. Obama cenó con los presidentes o primeros ministros de Bulgaria, Croacia, Estonia, Eslovenia, Eslovaquia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Rumanía y Chequia. Con el mismo fin, el ministro checo de Exteriores se reunió con Hillary Clinton. Según diversas fuentes, el líder estadounidense transmitió que el compromiso de Washington con estos países continuará siendo «sólido» tras la firma del nuevo START. Los gobernantes poscomunistas, sobre todo los que dirigen países de la UE, temen quedarse marginados por la nueva estrategia de desarme nuclear. A los países de Europa central y oriental les preocupa que Obama renunciara a construir un escudo antimisiles en Polonia y Chequia, en su momento rechazado por Moscú. Sensibilidad La preocupación es tan grande que el año pasado varios antiguos dirigentes de diversas tendencias, como los ex presidentes de Polonia Walesa (conservador) y Kwasniewski (socialista), y el de Chequia, Vaclav Havel, enviaron una carta a Obama en la que le pidieron que no abandonara a sus países frente a Rusia y que reforzara la seguridad mundial a través de la OTAN. Según varios analistas, Obama ha sido sensible a estas peticiones del Este y en los últimos meses ha desplegado esfuerzos por tender puentes con esta zona, sobre todo con los países de mayor peso, como Polonia, Chequia y Rumanía. Tanto es así que, aunque rechazó el escudo antimisiles de Bush, tiene para la Europa poscomunista su propio sistema de defensa. El plan consiste en instalar un sistema balístico en Rumanía, otro de radares en Bulgaria y desplegar misiles Patriot y tropas en Polonia. Este nuevo sistema ha sido mal acogido por Moscú y algunos de sus principales dirigentes, como el jefe de su diplomacia, pidieron explicaciones. Según el politólogo polaco Aleksander Smolar, «Obama intenta mantener un prudente equilibrio entre Rusia y los países de Europa central y oriental, pero es un ejercicio complicado y de incierto futuro».