El presidente de Kirguistán resiste, a pesar de que Rusia le da la espalda

Matt Siegel? / ?A. Lambroschini

INTERNACIONAL

Miles de vándalos deambulan por la ciudad saqueando los edificios gubernamentales

09 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El Gobierno formado por la oposición que se hizo con el poder en Kirguistán tras una revuelta popular prometió ayer elecciones presidenciales dentro de seis meses y exigió la renuncia del presidente, Kurmanbek Bakíev, que se niega a ello desde su refugio en el sur del país, pese a que Rusia le ha dado la espalda. El control político de esta ex república soviética está ahora en manos de Rosa Otunbáyeva, tras la insurrección del miércoles, que dejó entre 75 y 100 muertos, según las fuentes, y unos mil heridos. «Ha terminado la represión, la tiranía y la agresión contra los ciudadanos», fueron sus primeras palabras. Otunbáyeva anunció la disolución del Parlamento y que su Gabinete funcionará durante seis meses para preparar una nueva Constitución y organizar unas elecciones democráticas. Además, garantizó que acatará el cumplimiento de todos los tratados internacionales, entre ellos el uso por EE.?UU. de la base de Manás como centro logístico de sus tropas en Afganistán. Las nuevas autoridades dicen que controlan la situación en todo el país, con la excepción de la región sur de Jalal Abad, donde se encuentra Bakíev. «No permitiremos una guerra civil» entre el norte y el sur, advirtió el viceprimer ministro, Temir Saríev. La mano de Moscú Desde Jalal Abad, Bakíev rompió su silencio. «Soy el presidente electo y no reconozco ninguna derrota», declaró a una radio rusa, pero admitió que ya no controla el país. Este hombre de 60 años denunció que «fuerzas externas» estuvieron detrás de su derrocamiento, en velada alusión a Rusia. El primer ministro ruso, Vladimir Putin, llamó ayer por teléfono a Otunbáyeva, en lo que representa un claro espaldarazo a las nuevas autoridades kirguises, mientras EE.UU. calla. La conversación coincidió con el envío por Rusia de un refuerzo de 150 paracaidistas su base militar de Kant, en el país. Aunque el Ejército y las fuerzas del orden se han pasado al bando de la oposición, estos no consiguieron controlar a los miles de vándalos que deambulan saqueando los edificios gubernamentales. «El poder ha robado al pueblo, ahora el pueblo le roba el poder», decía uno de ellos. Por la noche, se multiplicaron los enfrentamientos, incluso armados, entre las fuerzas del orden y los saqueadores.