Hoy se hará oficial la declaración de zona catastrófica, lo que facilitará el cobro de ayudas y de las aseguradoras. La costa atlántica francesa ha quedado devastada tras el paso de Xynthia , que se sumó a una pleamar especialmente fuerte. Un «drama inaceptable e incomprensible» para el presidente Nicolas Sarkozy, que exige explicaciones. El balance provisional de víctimas mortales es de 59.
Météo France había anunciado el peligro, pero el drama se gestó en el mar. Nadie podía prever semejante subida de las aguas, que ahogaron mientras dormían a 25 vecinos de Aiguillon-sur-Mer; de la isla de Re solo eran ayer visibles algunos tejados; el puerto de La Rochelle llegó al corazón de la ciudad y los yates aparecieron aparcados sobre los coches. Los meteorólogos explican las víctimas y los daños por la conjunción de fuertes mareas, una corriente de aire cálido y el paso de Xynthia , que coincidió con la pleamar.
La red de diques, algunos de la época de Napoleón, no resistió la presión del agua, que inundó numerosas zonas residenciales construidas bajo el nivel del mar y protegidas solo por una cadena de dunas. Los buceadores intentaban encontrar ayer posibles nuevas víctimas entre los centenares de chalés anegados.
«Fue como si el mar fuera aspirado desde el cielo», aseguran los técnicos, convencidos de que «con la conjugación excepcional de elementos, ninguna obra hubiera podido resistir».
Pero Sarkozy ha dado un plazo de diez días a sus ministros del Interior y de Infraestructuras para que expliquen lo ocurrido. Y anunció que quiere revisar la regulación sobre la construcción de diques y edificaciones.
Ayuda inmediata
Tras sobrevolar en helicóptero los departamentos más afectados, Vendée y Charente-Maritime, anunció una ayuda inmediata de tres millones de euros, a los que se sumará otro millón para la red de Protección Civil que se ha hecho cargo de los miles de personas que se han quedado sin casa. Casi 200.000 hogares seguían todavía anoche sin servicio de agua ni electricidad.
En Alemania, los vientos llegaron a los 180 kilómetros por hora, pero el balance de víctimas se reduce a seis, entre ellas un niño de dos años al que una ráfaga arrastró hasta un río donde se ahogó. Los aeropuertos germanos volvieron ayer a la normalidad, después de un domingo de cancelaciones. También volvieron a circular los trenes, después de que la Empresa Nacional de Ferrocarriles decidiera interrumpir la circulación como medida de precaución.