«La situación es crítica»

INTERNACIONAL

Un médico ourensano, voluntario en Haití, relata la dureza de las condiciones en que trabajan para salvar vidas al tiempo

31 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

En noviembre, José Manuel Solla hizo escala vacacional en Santo Domingo antes de iniciar su período de voluntariado anual en Nicaragua. El miércoles llegó de nuevo a suelo dominicano, pero sin vacaciones. Solla, médico de familia en Allariz, forma parte del grupo de Mensajeros de la Paz desplazado a Haiti. En el avión llevaban un valiosísimo ecógrafo portátil y medicamentos, pero les faltaba el fármaco más necesario: un antibiótico contra la miseria.

El destino inicial del grupo era Miragoane, al sur de Puerto Príncipe, pero la ONU decidió enviarlos a otra zona de mayor necesidad. Solla y su compañero Sánchez Martos viajaron con Alejandro, piloto que se dedicaba al turismo y ahora hace más de 6 horas diarias de vuelos cobrando únicamente la gasolina. El resto del grupo se quedó en Santo Domingo unas horas para atender a niños refugiados y clasificar a los más graves. El destino final fue el hospital Inmaculada Concepción de Les Cayes.

Después del aterrizaje material, los médicos españoles iniciaron el aterrizaje mental. Desconcierto inicial, descoordinación general en la gestión de la ayuda exterior y una primera imagen de un hospital desbordado. «La situación es crítica, hay pacientes amontonados por todas las esquinas y una gran escasez de médicos. Tienen un ecógrafo que no se utiliza por falta de personal y me asignan inmediatamente».

Es un párrafo del diario que Solla inició desde el avión que lo llevó a Haiti. Promotor de la escuela gallega de ecografía, el médico llevó consigo un ecógrafo portátil que está resultando especialmente útil ante la carencia generalizada de medios y la profusión de médicos extranjeros frustrados por la descoordinación.

«El miércoles por la noche tuvimos un debate con el equipo de logística que nos acompaña. La situación que estamos atendiendo es más estructural que coyuntural. Es cierto que están llegando desplazados y que las cifras fluctúan día a día, pero esto se parece a Nicaragua: pobreza extrema, pacientes hacinados en salas sin las mínimas condiciones de higiene y con altas probabilidades de transmisión de enfermedades dentro del propio hospital».

Nueve horas seguidas

Pese a la dureza de la situación Solla no se viene abajo. «Llevamos más de nueve horas trabajando y como si nada, supongo que es la adrenalina», escribe tras su primer contacto con el hospital de Les Cayes, donde predominan los traumatismos.

Pese al buen ambiente entre médicos de distintas nacionalidades, existe un malestar creciente, advierte Solla, entre muchas delegaciones de cooperantes por el enfoque que está haciendo EE.UU.. «Estuvimos hablando con cooperantes panameños que llegaron en el avión presidencial y no les dejaron actuar en ningún hospital. Les preguntaron si tenían permiso para operar en EE.UU. y la respuesta obvia fue no. En ese momento les dijeron que estaban en territorio norteamericano y que no podían operar. Frustrados, se fueron a Miragoane, donde compiten un equipo cubano y otro de EE.UU. que, al parecer, no se hablan».

«Los panameños no tenían espacio y acabaron en el hospital donde estamos trabajando nosotros. Llevan tres días sin hacer prácticamente nada pues el quirófano que malamente funciona en este hospital está saturado por los médicos propios y otros cooperantes. Resultado: frustración. Tienen que estar hasta el miércoles por mandato de su país, aunque solo sea para mantener la imagen. Por si fuera poco, se les acaba la comida y en el hospital no hay donde comer»