¿Pierde el fuelle Porto Alegre?

Yana Marull

INTERNACIONAL

La edición del Foro Social, que terminó ayer, acentúa la sensación de desgaste que se advirtió en los últimos años

30 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

La décima edición del Foro Social Mundial, con una asistencia de participación inferior a la de años anteriores, terminó ayer en Porto Alegre (Brasil) con un llamamiento a revitalizar la movilización ciudadana y propuestas de justicia social para hacer frente a los estragos de la crisis financiera. La de este año fue una edición menor, en la que se advirtieron diferencias sustanciales entre las organizaciones participantes, lo que acentúa la sensación de desgaste que transmite el foro después de haber revolucionado en el 2001 la denuncia social al reunir por primera vez a miles de activistas y organizaciones ciudadanas de todo el planeta.

En aquel entonces, el ambiente era festivo e irreverente. Se reclamaba «otro mundo posible», contrario al propuesto por las élites del Foro Económico de Davos, que se reúne en iguales fechas en Suiza. En la reunión de este año los organizadores reclamaron a las organizaciones del movimiento que elaboren propuestas nuevas para su futuro.

Los llamados altermundialistas defienden iniciativas como una tasa a las transacciones financieras y la anulación de la deuda de los países en desarrollo como forma de combatir la pobreza, así como la reducción drástica de las emisiones perjudiciales para la atmósfera. El sistema financiero internacional, cuya reforma intriga incluso a las élites de Davos, sigue siendo el villano.

Dos son los nuevos conceptos estrella del Foro Social: el bien vivir y los bienes comunes, bases para un orden «que combate la búsqueda de lucro a cualquier costo», explica uno de los fundadores brasileños del evento, Chico Whitaker. «Bien vivir es una herencia de los pueblos indígenas, quiere decir vivir en armonía con la naturaleza y entre nosotros, sin necesidad de acumular y producir más», explicó Roberto Espinoza, de la coordinadora de organizaciones indígenas de Perú.

Los «bienes comunes» son aquellos que, para ellos, no son susceptibles de privatización: agua, alimentos, conocimiento, tecnología.

La catástrofe en Haití, que atribuyen a decenios de desidia de los países ricos, ocupó un lugar preeminente en la semana de debates en múltiples lugares de la ciudad. Los movimientos sociales reunidos en Porto Alegre quieren control ciudadano de la reconstrucción del país, algo que en general no ocurre en estos casos.

Condenaron, además, el golpe de Estado en Honduras, apoyaron las protestas indígenas en Perú y mantuvieron sus simpatías con los palestinos y los Gobiernos de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Paraguay y Brasil, cuyo mandatario, Lula da Silva, fue recibido con los brazos abiertos al visitar el foro este año. El evento insistió en una llamada a la movilización para demostrar el poder en la calle que hace diez años desbordó a las autoridades durante una reunión de la OMC en Seattle (EE.?UU.).

«En estos diez años conseguimos derrotar al neoliberalismo como ideología, nadie duda que el medio ambiente y el sistema económico están en crisis, pero fallamos en construir acciones de masas de alcance internacional», dijo el líder de los Sin Tierra brasileños, João Pedro Stédile. «La división nos debilita», destacó Whitaker refiriéndose a la fragmentación de las organizaciones en sus mil causas.