Versatilidad y constancia para llegar al poder

A.?L.

INTERNACIONAL

Con tanto nombre en danza en los últimos meses, el nombre de Porfirio Pepe Lobo Sosa parece haber salido de la nada, pero nada más lejos de la realidad. En la política hondureña, Lobo aparece como uno de los clásicos presidenciables y uno de los veteranos a cargo de las instituciones del país. Aunque nacido en el departamento de Colón en 1947, a Lobo se le identifica, como a Manuel Zelaya, con Olancho, tierra donde desarrolló la mayor parte de su carrera empresarial, en el ámbito de la agroganadería.

Si hay una cualidad con la que identifican al nuevo presidente correligionarios y adversarios es su empuje y su cintura política. No en vano, en círculos políticos se hablaba de él durante la campaña como el candidato plastilina. Versatilidad en su vida personal no le falta: con varios matrimonios a sus espaldas y once hijos, Lobo se formó en las dos orillas en época de la guerra fría: estudió Administración de Empresas en Miami, pero también cursó en la Universidad Patrice Lumumba de Moscú en la época socialista, detalle que no aparece en su currículo, pero que él particularmente nunca ha negado.

Cambio

En lo político, Lobo desarrolló toda su carrera en el Partido Nacional, de orientación conservadora. Desde la presidencia de la Juventud Nacionalista hasta hoy, ha ido subiendo peldaños en el partido, donde rivaliza con el presidente de la formación y alcalde de Tegucigalpa, Óscar Álvarez, y también en las instituciones: fue presidente del Congreso (2002-2006) antes de postularse como candidato y ser derrotado por Manuel Zelaya en las anteriores elecciones, por margen escaso, apenas un 3% y entre acusaciones de fraude al ahora presidente depuesto, con el que mantuvo una buena relación en los últimos años y al que no excluye de su «diálogo por la reconciliación».

A pesar de su talante, fue notoria su campaña de «puño firme», o mano dura, con la inseguridad en el 2005.

En esta ocasión, Porfirio Lobo prefirió apostar por la palabra «cambio» como bandera y consiguió su propósito de ganar, con la constancia que lo caracteriza, a los 61 años.