Tarde, mal y a rastras

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

Más que su discutido Nobel de la Paz, a Barack Obama podrían haberle dado el premio Carlomagno, que se otorga a los que trabajan por la construcción europea, aunque en este caso sea sin querer. El sí de Irlanda (o más bien el «qué le vamos a hacer» de Irlanda) ha sido el empujón para que Polonia y la República Checa se avengan a firmar el Tratado de Lisboa.

Pero las bases las puso la decisión norteamericana de prescindir del escudo antimisiles que había hecho soñar a checos y polacos con convertirse, literalmente, en los escuderos de Washington en Europa. Por fin descendido de las nubes, el polaco Lech Kaczynski firmaba ayer, de tan mala gana que parecía que en el último momento iba a pretextar que la pluma se había quedado sin tinta.

Es el mazazo definitivo al plan de los euroescépticos, el cual aparecía delineado en una carta que envió en julio el líder conservador británico, David Cameron, al presidente checo, Vaclav Klaus. En aquella carta lo animaba a resistir la firma del Tratado al menos un año. Eso le daría tiempo a él de ganar las elecciones y convocar un referendo en el Reino Unido del que saldría un «no» que, aunque en el mismo idioma que el «no» irlandés, nadie iba a tratar igual.

Ahora es poco probable que Klaus aguante tanto. Los obstáculos legales que puso en su momento se resolverán (salvo sorpresas) en pocas semanas. Por eso se sacaba el viernes de la manga una nueva condición: que se excluya a Chequia de la Carta de Derechos Fundamentales. La excusa es que los tres millones de alemanes deportados del país tras la Segunda Guerra Mundial podían reclamar indemnizaciones. No es la más elegante de las objeciones, y en todo caso Francia ha dicho que no tolerará modificaciones del Tratado. Ni siquiera modificaciones como las que ya han conseguido Gran Bretaña, Irlanda y Polonia, o como la modificación total de la Constitución que siguió al no de la propia Francia en el 2005. Y, en fin, así avanza la construcción europea: tarde mal y a rastras, con el único consuelo de que al menos avanza.