«La esperanza puesta en Obama se debe a la necesidad de soluciones»

Se muestra desilusionado por la falta de voluntad para llegar a un acuerdo en Oriente Próximo y asegura que la democracia es «exportable», pero no a bombazos


«Hemos entrado en este siglo nuevo sin brújula». La primera frase de El desajuste del mundo. Cuando nuestras civilizaciones se agotan (Alianza) marca el diagnóstico pesimista del estado del mundo que hace en este ensayo el escritor Amin Maalouf (Beirut, 1949). Ex periodista y novelista, autor de León el Africano y Samarcanda, y de obras tan clarividentes como Las cruzadas vistas por los árabes e Identidades asesinas, premio Goncourt, Maalouf es uno de los pensadores más lúcidos del momento. -¿Cuáles son esos desajustes de los que trata en la obra? -Está el intelectual, hemos pasado de un mundo en el que las grandes líneas divisorias eran ideológicas a otro en que son identitarias. El estratégico, de dos superpotencias hemos pasado a una sola sin contrapeso y que se comporta de manera errática. El climático, que es consecuencia de nuestra mala gestión del progreso. El económico, que se ha manifestado este último año. Y el ético, necesitamos una nueva escala de valores, hay un regresión moral e intelectual. La educación y la cultura deben presidir los valores del futuro. La inversión en cultura es una inversión en paz cívica. -Advierte también del alarmante distanciamiento entre Occidente y el mundo árabe. -Hay problemas que están presentes desde hace mucho tiempo y otros más recientes. Es imperativo y urgente llegar a una solución en Oriente Próximo, porque es el primer paso imprescindible para restablecer la confianza entre Occidente y el mundo árabe. Y no tengo la impresión de que nos estemos acercando a una solución en uno, cuatro o diez años. El espectáculo que ha dado EE.?UU. en Irak ha agrandado aún más el malestar, ha sido un desastre absoluto. La elección de Obama me entusiasmó y su discurso de El Cairo fue excelente, pero comienzo a estar desilusionado e impaciente porque me da la sensación de que no existe voluntad política de llevar las soluciones a la práctica. La lógica que se puso en marcha no está dando frutos, está a punto de desaparecer. Estamos volviendo a los discursos, las fotos y los apretones de mano que hemos visto cientos de veces. Si perdemos esta oportunidad no terminará la desconfianza entre estas dos partes del mundo ni se podrán solucionar temas como Irak o Irán. -Quizá se han puesto demasiadas esperanzas en Obama. -El problema es que no disponemos de tiempo ilimitado, que los problemas se agravan y si los cuatro u ocho años de Obama resultan tiempo perdido, ¿dónde nos encontraremos entonces no solo en las relaciones de Occidente con el mundo árabe, sino en el cambio climático o la economía, en definitiva en la gestión del mundo? Las esperanzas que se han puesto en Obama se deben a una necesidad de soluciones. -¿Islam y democracia son incompatibles? -No. Hay países musulmanes que han evolucionado de forma estimulante hacia la democracia, como Senegal o Mali en África, y en otros de Asia la tradición electoral está bien asentada. La ausencia de democracia es un problema en el mundo árabe, que está en plena regresión, pero no está relacionado con la religión. Sus líderes no tienen credibilidad ni legitimidad. Pero creo que no hay regiones impermeables a la democracia. -¿La democracia se puede exportar a bombazos como en Irak y Afganistán? -La democracia es exportable, se ha exportado a lo largo de la historia, el problema es cómo. Lo que no se puede es bombardear un país, machacar a la gente, no respetar la dignidad de las personas y sembrar el caos en nombre de la democracia. Hay que comportarse como un verdadero liberador. EE.?UU. perdió una ocasión de oro de crear un buen ejemplo en Irak, porque los iraquíes estaban preparados para la democracia, pero nunca quiso llevarla allí. Necesitamos unos Estados Unidos que se identifiquen con los valores que dicen defender.

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