La difícil tarea de construir una sociedad democrática

Ángela Rodicio

INTERNACIONAL

13 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El gigantesco campo de fútbol en el que se reúnen niños, jóvenes y hombres en el centro de Kabul sigue estando abarrotado, a pesar de las amenazas crecientes de los talibanes. Cada día recuerdan a una población que ha querido olvidar, tal vez demasiado rápido, el martirio que supuso su vida bajo la dictadura religiosa de los estudiantes ligados a Al Qaida, con bombardeos y amenazas.

En uno de los promontorios de Kabul, el comando central de las fuerzas de la OTAN sigue por satélite las posiciones de las tropas internacionales y de los aviones sin piloto, la principal arma desplegada contra los talibanes y terroristas en general.

Es una sala oscura, como un búnker en el que se despliegan ordenadores de la última generación y señales luminosas que se encienden en mapas virtuales de este país montañoso y escarpado, como un racimo de uvas que se extiende prácticamente por todo su territorio. Solo al este, en las fronteras con Pakistán e Irán, se relaja la orografía con valles por los que discurren las armas, las drogas; y los sueños de invasores y pacificadores durante siglos. Sin que nadie haya podido colmarlos.

No parece que EE.?UU. o la OTAN vayan a correr mejor suerte. Cuando Bush se fue había 32.000 soldados desplegados. En las próximos semanas, Obama debe decidir si envía entre 4.500 y 27.000 soldados más. Un satélite no puede neutralizar un tirachinas ni un Kalashnikov.

Hamid Karzai volverá, según todas las previsiones, a ganar las elecciones presidenciales, pero su Gobierno, inútil y corrupto, no va a mejorar el panorama.

Muchos expertos piden que se afganice la guerra. Que monitores y entrenadores militares pongan en marcha a los propios afganos, todo con tal de que el conflicto no le estalle a Obama en las manos.

La estrategia de salida del presidente norteamericano pasa por construir una sociedad civil en un proceso del que solo la ONU tiene experiencia suficiente aunque, como en el caso de Irak, se haya prescindido del único organismo que emplea civiles para construir naciones.

En el destruido Afganistán, más que misiles y aviones sin piloto, hace falta el compromiso de la comunidad internacional. Lejos de las palabras hueras de la Administración Bush: crear un paraíso democrático en Afganistán...