Las acusaciones de líderes latinoamericanos de que sectores de EE.?UU. estarían detrás del golpe en Honduras denotan frustración y falta de comprensión del giro que Barack Obama le ha dado a la política exterior de Washington, estiman los analistas.
En los últimos días se han incrementado las declaraciones acusando a la derecha estadounidense de actuar a espaldas de Obama. El venezolano Hugo Chávez señaló al Departamento de Estado. Morales lanzó sus dardos contra el Comando Sur. Ambos pretenden que estas acciones se tomaron sin que Obama lo supiera. El último en pronunciarse fue Fidel Castro, quien fustigó a «personajes inescrupulosos de la extrema derecha» de ser autores intelectuales y organizadores del golpe.
«Están muy frustrados por Obama, porque él no está actuando como un imperialista», declaró Michael Shifter, analista del centro de debate Diálogo Interamericano de Washington. «Esto refleja una estrategia de separar a la persona, a Obama, que es bastante atractivo y que está comprometido con la democracia, con el sistema que ellos piensan sigue actuando como un imperio», señaló Shifter.
Firmeza y diplomacia
Obama ha criticado en fuertes términos el golpe de Estado contra Zelaya y ha dejado claro que su Gobierno lo reconoce a él como el único presidente. Mientras, el Departamento de Estado ha mantenido un discurso más diplomático, haciendo llamadas al retorno del orden constitucional pero abriendo un margen para las negociaciones de San José bajo la mediación de Óscar Arias. La diferencia ha llevado a preguntarse en Washington el que lleva las riendas de la política exterior de EE.?UU.
«Hay matices en el discurso entre Obama y Clinton, ella ha sido más cauta, mientras Obama ha sido más firme, más de principios, pero esto no refleja que el Departamento de Estado esté apoyando el golpe», dijo Shifter.
La crisis en Honduras «ha sido manejada por la Casa Blanca y por Clinton, que ha jugado un papel importante», señaló Cynthia Arnson. Reconoce que a veces no hay «una coordinación perfecta» en la burocracia estadounidense, «pero creer que las cosas no han cambiado es estar equivocado».