El nombre de su cargo lo dice todo: líder supremo. En el sistema creado por el difunto ayatolá Jomeini, el líder supremo es el supervisor de toda legislación, el comandante en jefe del Ejército, una especie de censor supremo, de monarca absoluto coronado con un turbante.
Antes de ocupar este puesto, Jamenei presidió el país durante los difíciles años de la guerra con Irak. Tenía como primer ministro precisamente al hoy rival Mir Huseín Musavi. Cuando Jomeini le designó como sucesor hubo que reformar la constitución, que no permitía que un ayatolá de rango tan bajo pudiese ser líder supremo. Esto le creó muchos enemigos entre la jerarquía chií, entre ellos el ayatolá Rafsanyani, con quien todavía se enfrenta estos días.
Poeta aficionado, es un «duro entre los duros». Ya en época de la revolución del año 1979 se le contaba entre los elementos más radicales del movimiento islamista. Luego, en el poder, siempre se ha opuesto a cualquier reforma, por moderada que sea, y durante años mantuvo la condena a muerte del escritor Salman Rushdie por su novela Los versos satánicos .
Su fuerza está en su relación muy estrecha con los elementos militares del régimen islámico iraní, que recuerdan con admiración su paso por el Ministerio de Defensa durante la guerra con Irak. Se le considera meticuloso, desconfiado, según muchos un paranoico.