La tormenta perfecta

Santiago Tena Paz

INTERNACIONAL

Los accidentes suelen ser consecuencia de una serie única de hechos fatales

04 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El transporte aéreo ha alcanzado tal nivel de seguridad que solo se producen accidentes cuando concurren una serie única de hechos en un orden determinado. Lo anterior es un tópico que conocemos todos los que viajamos en avión. No podemos dejar de mencionar el perfecto amerizaje de un avión en el río Hudson. En ese caso, una situación de emergencia con un avión sin motores y a baja altitud fue gestionada admirablemente por unos profesionales entrenados para afrontarla. La cadena de hechos fatales no se produjo. Y no hubo víctimas.

Estamos ante otra situación. Las sospechas de ayer son hoy ya certezas. En el A330 de Air France se han vuelto a encadenar esos hechos que han provocado el accidente de un magnífico avión tripulado por unos profesionales bien entrenados.

Parece probado que el avión estaba perfectamente al despegar de Río. Su ruta lo llevó sin novedad a tener que cruzar una zona de tormentas. Aun sin tener los datos de las cajas negras, sí se ha podido analizar la situación meteorológica. Se empieza a hablar de una especie de «tormenta perfecta» en una zona de «frentes intertropicales» en la que no son infrecuentes fenómenos meteorológicos de un inusitado tamaño, tanto en extensión como en altura, ya que parece ser que alcanzaban la zona alta de la atmósfera en la que los aviones suelen volar y que normalmente es tranquila.

El análisis de las fotos de satélites abonan esta tesis, y parecen explicar que era difícil esquivar el paso a través de este núcleo especialmente duro de la tormenta. El hecho de que se produjeran turbulencias severas ya en las inmediaciones de los núcleos más fuertes puede haber provocado que el radar de a bordo no los identificase adecuadamente y la tripulación no pudiese evitarlos.

Una vez que el avión entró en la zona peligrosa pudo haberse encontrado con problemas de lluvia helada que provocasen formación de hielo, inhabitual en estos niveles de vuelo, y no es descartable que en estas condiciones se pudiera producir un fallo e incluso una parada de ambos motores, y que los rayos provocasen fallos en cadena de los sistemas eléctricos.

Se habla de los mensajes automáticos que el avión enviaba y merece la pena explicar que se ha puesto en servicio un sistema global automatizado, denominado ACARS, por el que las aeronaves informan a los servicios de tierra de sus compañías sobre las incidencias durante el vuelo; mensajes que se emiten sin intervención de la tripulación y facilitan el mantenimiento. Parece que las últimas emisiones ACARS del A320 siniestrado hablaban de problemas eléctricos y de presurización. El escenario no puede ser más preocupante. Un fallo de presurización pudo causar que la tripulación, al menos momentáneamente, estuviera incapacitada, y retrasar la toma de decisiones ante el cúmulo de problemas que se presentaron. De momento, son solo hipótesis.

Si aparecen las cajas negras se oirán las voces de los pilotos, los ruidos de las alarmas, las acciones que tomaron para solventar los problemas. Aunque a la profundidad que deben de encontrarse puede ser problemático captar la señal que emiten, no perdamos la esperanza.