El presidente de los Comunes dimite para impedir que la crisis se agrave

Imanol Allende

INTERNACIONAL

La descomposición de la vida política británica por el escándalo del abuso en las dietas y gastos de los parlamentarios alcanzó ayer tintes históricos cuando el presidente de la Cámara de los Comunes, Michael Martin, se convirtió en el primero en 300 años en anunciar su dimisión.

Martin, el primer católico que ocupa el cargo desde la reina María Tudor, no ha podido sobrevivir a la presión de los parlamentarios, que durante varios días han exigido su cabeza como responsable último de la falta de control en los gastos que ellos mismos presentaban. Ahora, los británicos se preguntan cómo logrará el primer ministro, Gordon Brown, restablecer la confianza del electorado en el sistema político.

Su dimisión era obligada y necesaria para poder mantener la confianza y moral en el estamento político británico y así se lo expresó el primer ministro al presidente cuando lo visitó ayer en su vivienda. Necesaria, porque el pueblo pedía resarcimiento por tanto desmán de sus políticos, pero también para mantener la unidad del Parlamento.

Así lo entendió, por su parte, Martin que, a primera hora de la tarde de ayer, anunció a los Comunes en apenas 33 segundos su decisión de abandonar el cargo el próximo 21 de junio y posiblemente su escaño de parlamentario por el nordeste de Glasgow. El día 22, la Cámara elegirá a su sucesor a un cargo que data del siglo XIV.

«Desde mi llegada a esta Cámara hace treinta años siempre he pensado que la mejor manera de que sirva es que esté unida. Por eso, para mantener su unidad, presento mi dimisión», indicó Martin.

Voto de censura

Su renuncia le evita tener que sufrir la humillación de vivir un voto de censura preparado por la mañana por 23 parlamentarios, entre los que se incluyen diputados de las tres principales formaciones políticas. Pero para muchos, el acto que lo condenó fue la oposición mostrada por el líder del Partido Liberal Demócrata, Nick Clegg, que amenazó con unirse a los 23 parlamentarios.

Desde que Martin fue elegido presidente de la Cámara en el año 2000, ha tenido que hacer frente a diversos escándalos, todos ellos relacionados con su extravagante tipo de vida, entre los que se incluyen recibos de taxi presentados al Parlamento en nombre de su esposa por valor de unos 4.500 euros y más de 750.000 euros gastados en reformar su vivienda oficial.

Ayer se dijeron de Martin cosas como que es «tribal, insular, reservado y hostil al cambio; se convirtió en un motivo de vergüenza imposible de ignorar durante el escándalo de los gastos». Muchos políticos opinan, sin embargo, que su renuncia no será el fin al escándalo de los gastos, pero sí puede significar el inicio de ese fin. En el camino para el restablecimiento de la confianza de los británicos en sus políticos, los líderes deberán de identificar y castigar a todos aquellos parlamentarios que abusaron de los beneficios de sus cargos.