Un pequeño cambio radical de Washington

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

Obama no ha puesto fin al embargo contra Cuba, pero la ley está en proceso de tramitación. Por el momento, el fin de las limitaciones a los ciudadanos cubanonorteamericanos para viajar a Cuba era todo cuando podía hacer el presidente, porque no requiere una ley nueva. Y es lo que ha hecho para presentarse con algo tangible en la Cumbre de las Américas, en la que poco tiene que ofrecer.

Es una decisión a la vez histórica y banal. Esas restricciones eran, como poco, obsoletas. Kennedy las impuso por extensión de las que existían contra la URSS y si han llegado hasta aquí es solo porque Bush intentó utilizarlas para arruinar al régimen cubano. No lo logró, irónicamente, porque los propios cubanoamericanos boicotearon una estrategia que habría perjudicado en primer lugar a sus familias, y también porque, al margen de la retórica anticastrista, muchos ya se ven más como una comunidad de emigrantes afortunados que de activistas.

De hecho, las medidas anunciadas por Obama están cuidadosamente diseñadas para beneficiarlos a ellos. La libertad de viajar no es para todos los norteamericanos (Washington no quiere por ahora alimentar la industria turística) sino tan solo para quienes tengan allí familiares. La posibilidad de enviar remesas de dinero sin obstáculos tiene mucho mayor alcance: esos giros son la sangre de la economía cubana y La Habana las tasa en un 10%. Pero tampoco esto causará ningún problema a Obama con el lobby cubano. Por el contrario, parece una manera estudiada de crear un ambiente favorable a la verdadera revolución que será la supresión total del embargo.

Actividad de la disidencia

No está claro cómo reaccionará La Habana ante ese cambio de dirección que ha esperado tanto tiempo. De momento, la reacción de Castro ayer en Granma era comprensiblemente ambigua. La libertad de circulación de personas no tiene un interés especial para el régimen, porque viene con el precio de una mayor actividad de la disidencia y más presión para realizar cambios. Las remesas de dinero son más deseables, aunque también tengan el coste añadido de una dependencia creciente de EE.?UU. Es el levantamiento total del embargo lo que los hermanos Castro creen que permitiría a Cuba tomar las riendas de su propia economía y controlar así los tiempos de la política, ya sea para hacer reformas limitadas o (como parece ser el caso de momento) no hacerlas.

La gran pregunta es si será posible mantener a la política aislada de los cambios económicos. Cuba no es China y pronto sabremos si, como se sospecha, han sido precisamente las medidas diseñadas para destruir a Castro las que lo han mantenido tanto tiempo en el poder.