Las elecciones de hoy en Israel, pendientes del voto indeciso

Manuela Araújo

INTERNACIONAL

Arañar votos hasta el último minuto. Esa era la consigna que los partidos israelíes seguían hasta última hora, a la vista de los reñidos resultados que auguraban las encuestas. El recurso del miedo, los llamamientos al voto útil y los esfuerzos por marcar la diferencia se repetían ayer por todo el país en la víspera de unos comicios marcados por el auge de la ultraderecha y un porcentaje histórico de indecisos. Benjamín Netanyahu, del derechista Likud, ha visto como la holgada ventaja que disfrutaba se ha ido reduciendo hasta llegar prácticamente a un empate con su más directa rival, la candidata de centroderecha Tzipi Livni, líder del Kadima. Ayer, Netanyahu compareció para prometer un Gobierno de unidad nacional, preparado para afrontar los problemas económicos y de seguridad, y la «amenaza» iraní. En los últimos días, Netanyahu ha querido reforzar la imagen de línea dura viajando a los Altos del Golán, territorio ocupado y reclamado por Siria. «El Golán solo seguirá siendo nuestro si el Likud vence», arengó el ex primer ministro en un guiño a la derecha más extrema. Y es que su victoria se tambalea por la pérdida de papeletas a favor del partido ultranacionalista Israel Beiteinu, al que los sondeos sitúan como tercera fuerza. Los ultranacionalistas Todo apunta a que esta formación liderada por Avigdor Lieberman, conocido por sus mensajes xenófobos contra los árabes, tendrá la sartén por el mango a la hora de definir una coalición, incluso si la ganadora es Livni. Para minimizar la influencia de los ultranacionalistas, los líderes del Kadima llamaban ayer al voto útil de la izquierda y argumentaban que el apoyo a partidos menores, como el pacifista Meretz o los laboristas, sería en vano. Livni recurre ahora además a la carta del feminismo que intentó evitar durante una campaña marcada por la ofensiva en Gaza y el protagonismo de la seguridad. La candidata del Kadima insiste en que toma «decisiones, no hago café», pero en los últimos días se ha dejado ver en concentraciones de mujeres y actos juveniles. Por su parte, Ehud Barak aseguró ayer: «No seré ministro de Defensa si el laborismo no se acerca a los veinte escaños», condicionando así su más que probable entrada en una coalición de gobierno. En un mensaje de tintes desesperados, advirtió contra la fuga de electores de izquierda hacia el Kadima. «Solo un Partido Laborista fuerte puede dar respuesta al bloque de derechas», subrayó ante el previsible descalabro de su formación a un cuarto lugar y en un esfuerzo por atraer al 20% de indecisos. La campaña se ha celebrado a la sombra de la guerra en Gaza, cuya cercanía a los comicios no parece casual, y ha relegado la crisis o los casos de corrupción política a un segundo lugar. En todo caso, ayer los palestinos pudieron acostarse con dos buenas noticias: la posibilidad de que se acuerde pronto una tregua duradera y el anuncio de que la ONU retomará el envío de ayuda a Gaza después de que Hamás devolviera los cargamentos retenidos.