«El pueblo parece Hiroshima, parece como [si hubiera caído] una bomba nuclear. Hay animales muertos por toda la carretera», dijo Chris Harvey, un vecino de Kinglake que perdió su casa. Marie Jones se encontraba en casa de una amiga, en esa misma localidad, cuando un hombre llegó acompañado de su hija, ambos gravemente heridos. «Le colgaban trozos de piel y su hija pequeña también estaba quemada. Llegó diciendo: 'He perdido a mi mujer y a mi otro hijo, lo único que quiero es que salven a mi hija», declaró Jones.
El hospital Alfred de Melbourne ingresó a 18 personas con quemaduras de diversa consideración y ocho permanecen internadas en la uci.
En la carretera de acceso de Kinglake había numerosos coches reducidos a esqueletos metálicos, que fueron abandonados por sus ocupantes para escapar del fuego. «Los fuegos fueron muy rápidos, muy violentos y muy feroces», subrayó el jefe adjunto de la policía de Victoria, Kieren Walshe.
El primer ministro del estado, John Brumby, que se personó en los lugares afectados, avisó de que la situación no es segura y pidió prudencia a los habitantes. «Un número importante de incendios muy graves arden fuera de control. Costará varios días controlarlos».