La Cruz Roja atiende a más de 3.700 personas sin hogar, mientras unos treinta focos continúan activos
09 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Las autoridades australianas buscan a un centenar de personas desaparecidas, tras elevar a 108 los muertos por los incendios que han destruido 750 casas y quemado 340.000 hectáreas de terreno, principalmente bosques, en los estados sureños de Victoria y Nueva Gales del Sur, en la peor ola de fuego de la historia del país.
El recuento policial de víctimas, todas ocurridas en Victoria, ha ido en aumento en un goteo incesante a lo largo del fin de semana, a medida que los equipos de rescate han logrado acceder a los lugares quemados por las llamas. Los bomberos informaron de que un centenar de personas han sido dadas por desaparecidas, mientras que la Cruz Roja de Australia atiende a 3.730 personas sin hogar. Con estos datos, se prevén que el número de víctimas mortales siga aumentando cuando los equipos hayan acabado de registrar todas las casas y coches.
Unos 30 incendios continuaban su avance en Victoria, siete de ellos sin control y dos cerca de zonas pobladas, mientras que en Nueva Gales del Sur los bomberos y voluntarios combatían 53 frentes, de ellos nueve incontrolados, pero ninguno próximo a zonas habitadas.
Un infierno
«El infierno con toda su furia ha visitado a las buenas personas de Victoria en las últimas 24 horas. Es una tragedia para la nación», dijo el primer ministro australiano, Kevin Rudd, quien visitó la zona ayer y anunció un fondo de 10 millones de dólares australianos para los afectados (4,6 millones de euros).
La capacidad destructora de los incendios fue algo nunca visto en una región acostumbrada a lidiar con los incendios forestales durante el verano. Evitar la llegada de las llamas a las zonas pobladas fue misión imposible para los miles de bomberos y voluntarios desplegados en todo el estado debido al fuerte viento, las altas temperaturas y la inmensidad del terreno afectado por los incendios. Así, el fuego convirtió en cenizas las poblaciones de Marysville, unos 100 kilómetros al nordeste de Melbourne; y Kinglake, unos 70 kilómetros al oeste de la anterior; mientras que se registraron víctimas mortales en dieciocho municipios distintos, desde Bendigo hasta Gippsland.
Los afectados compararon la magnitud del desastre con la hasta ahora mayor oleada de incendios vivida en el país, el miércoles de Ceniza de 1983, que dejó 50 muertos en Victoria y otros 28 en Australia del sur.