Nadie esperaba que los uniformados a liberar fuesen los que menos tiempo llevan en cautiverio y el hecho ha dado lugar a distintas especulaciones. La zona donde se produjeron las liberaciones, al este del país, está fuertemente cercada por el Ejército, lo que podría suponer que las FARC ya no son capaces de mover a los secuestrados más antiguos que, según algunas informaciones, se encontrarían cerca de Brasil.
Mientras esta teoría implicaría una seria debilidad de la guerrilla, para otros demostraría su fortaleza al recordar al país que aún tiene capacidad de secuestrar uniformados bajo la política de seguridad de Álvaro Uribe. Los 22 miembros de la fuerza pública que todavía quedan en su poder fueron retenidos hace ya 12 años, mientras que los que iban a ser liberados fueron secuestrados hace apenas dos.
Por perverso que resulte, tanto a nivel nacional como internacional, hay secuestrados de primera y de segunda y las FARC perdieron sus mejores bazas cuando Ingrid Betancourt y tres contratistas estadounidenses fueron rescatados por el Ejército. Desde entonces la única manera de seguir en boca de todos es realizar más liberaciones. Si entre el día de hoy y el próximo miércoles entregan a los últimos dos civiles secuestrados con fines políticos, como han anunciado, estarían más cerca de acatar la legislación internacional en materia de conflictos, lo que les permitirá lavar su imagen y buscar un acuerdo humanitario únicamente entre combatientes.
El movimiento Colombianos por la Paz, que ha propiciado las liberaciones, espera lograr no solo el intercambio de los secuestrados por guerrilleros presos, sino también un eventual proceso de paz que, sin embargo, para muchos, no ocurrirá mientras Álvaro Uribe sea presidente.