Agotado ideológicamente y con una economía exhausta y agravada por los recientes huracanes, el régimen castrista acaba de encontrar su tabla de salvación en Moscú. Rusia y Cuba sellaron ayer una alianza estratégica y concluyeron una treintena de acuerdos que abarcan prácticamente todas las esferas. El Kremlin abre así una grieta en el embargo y espera dar un empujón al desarrollo económico de la isla. Se trata no solo de hacer negocios, sino también de conquistar una nueva cota geoestratégica.
Los presidentes Dmitri Medvédev y Raúl Castro rubricaron ayer en el Kremlin el memorando que define las áreas en las que se desarrollará la cooperación estratégica entre los dos países. Los periodistas asistentes al acto no recibieron una copia del documento, pero, según el viceprimer ministro, Igor Sechin, «abarca todas las áreas».
Se firmaron además una treintena de acuerdos sobre energía, comercio, educación, ciencia, deporte, industria agroalimentaria y pesca. Uno de los protocolos se refiere a la concesión de un crédito a Cuba, cuya cuantía tampoco se ha dado a conocer, y en otro convenio se establece una ayuda humanitaria «gratuita», en forma de alimentos (trigo en primer lugar), para las zonas afectadas por los huracanes.
Cooperación militar
Sechin señaló que, según lo ya acordado durante el viaje a Cuba que Medvédev efectuó a finales de noviembre, «la cooperación en el terreno militar continuará». En diciembre, varios navíos de la Armada rusa, encabezados por el destructor Almirante Chabanenko , atracaron en La Habana por primera vez después de décadas sin echar el ancla en esas aguas.
«Hoy [por ayer] se abre una nueva página en la historia de las relaciones entre Rusia y Cuba», manifestó Medvédev tras poner su firma en el memorando. Castro le respondió: «Somos viejos amigos, nos hemos tratado en las buenas y en las malas, que es, como ustedes dicen, la mejor forma para que la gente se conozca». Cuba no ha olvidado las lecciones del pasado, como el abandono tras la caída de la URSS, y «ahora las relaciones son más pragmáticas y seguras», según fuentes cubanas.
El dirigente cubano permanecerá en Rusia hasta el próximo día 4 y espera reunirse con el primer ministro, Vladimir Putin, y con Kiril, el nuevo patriarca de la Iglesia ortodoxa rusa.