La prisión de Guantánamo es un símbolo de los excesos de la guerra contra el terrorismo de George W. Bush, pero a la que hay que añadir las cárceles secretas de la CIA y las torturas a detenidos violando leyes internacionales y de Estados Unidos.
El Gobierno de Bush creó la cárcel tras el 11-S en ese territorio de Cuba debido a que al no encontrarse en territorio estadounidense podía negar a los prisioneros derechos fundamentales.
Más de 800 hombres y adolescentes pasaron por el centro desde que se creó en enero del 2002, y unos 245 aún se encuentran allí, la mayoría desde hace años, sin acusación.
A los 23 primeros detenidos se les encerró en celdas a cielo abierto. Sus fotografías en uniforme naranja y con la cabeza enfundada en una capucha negra dieron la vuelta al mundo. Hoy, la mayoría de los presos se encuentran en celdas de aislamiento individuales construidas en base al modelo de las cárceles estadounidenses de alta seguridad. Los más peligrosos llevan un traje anaranjado. La mayoría están vestidos de color beige, y los más cooperadores, de blanco.
Unos 60 fueron absueltos de la acusación de combatiente enemigo, que según el Pentágono justificaba su detención. Pero siguen encerrados porque no pueden regresar a sus países de origen, que no quieren acogerlos o que pretenden juzgarlos, según Washington.
La CIA ha detenido y enviado a más de cien sospechosos de terrorismo a prisiones secretas en un total de ocho países, entre ellos Afganistán, Tailandia y varias «democracias de Europa del Este», según desveló hace tres años el diario The Washington Post , basándose en información de fuentes diplomáticas y de inteligencia de los tres continentes. Dick Marty, del Consejo de Europa, incluyó en uno de sus informes que varias de esas prisiones estuvieron en Polonia y Rumanía desde el año 2003 hasta el 2005.