Los isleños esperan que el nuevo presidente de EE.UU. suspenda el bloqueo comercial
17 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Humberto Castro es un neurocirujano cubano que opera a sus pacientes en el hospital Hermanos Ameijeiras de La Habana, uno de los más prestigiosos del país. Pero su sueldo apenas le da para vivir, así que desde hace años se ha pluriempleado en un oficio ilegal. En sus horas libres transporta a turistas entre la capital y Varadero en su viejo Lada verde, para cubrir, de tapadillo y por 80 pesos convertibles (unos 65 euros), los 120 kilómetros de trayecto. Con cada uno gana más del doble del salario mensual que le paga el Estado.
Diciembre y enero han sido buenos meses para Humberto, que tiene 49 años y desciende de exiliados gallegos. Sus padres, de Pontevedra, llegaron a Cuba huyendo del franquismo poco después del triunfo de la Revolución, hace ahora 50 años. El aniversario ha atraído a la isla a gran número de extranjeros ansiosos de encontrar transporte barato -los taxis oficiales cobran 120 euros-. Y eso que los fastos han sido contenidos y austeros.
La crisis, las secuelas de los huracanes que asolaron el país en otoño y la enfermedad de Fidel, desaparecido de la escena pública, han limitado al mínimo la fiesta que conmemora la revuelta guerrillera y el derrocamiento de Batista. Desde entonces, Cuba ha disparado los índices de bienestar de su población más humilde, pero a costa de provocar el exilio de miles de ciudadanos espantados por un régimen que limita sus libertades y derechos esenciales, y que mantiene encarcelados, según Amnistía Internacional, a más de 200 presos de conciencia.
A pesar de eso y de las dificultades para mantener a su familia, Humberto es de los cubanos que defiende con vehemencia los logros de la revolución. «Somos un país subdesarrollado que lleva medio siglo resistiendo al mayor imperio de la historia. Los tenemos a 90 millas, ¿qué pretenden, que seamos Luxemburgo?», se pregunta.
Bloqueo
Como muchos cubanos, Humberto culpa de la situación de su país al bloqueo estadounidense, que impide a Cuba mantener relaciones comerciales justas y en pie de igualdad con el resto del mundo. La llegada de Obama a la Presidencia de Estados Unidos ha dado ciertas esperanzas a quienes, como él, también creen que ese enfrentamiento es la excusa perfecta para que el régimen se mantenga en el inmovilismo. «Obama no será la solución, pero si al menos suspende el bloqueo, nos dará la oportunidad de empezar a resolver nuestros problemas», dice.
Como Humberto, el 70% de los cubanos vivos nacieron después del 1 de enero de 1958, cuando la guerrilla de Fidel tomó Santiago y obligó a Batista a huir. El régimen le ha dado la vuelta a esa cifra, para señalar que lo que indica en realidad es que el 70% de los cubanos han nacido bajo el bloqueo, y que por lo tanto están bien preparados para resistir otros cincuenta años de dificultades. Así lo recordó el nuevo presidente, Raúl Castro, en una entrevista televisada el pasado 31 de diciembre. La periodista solo hizo dos preguntas, pero él, al estilo de su hermano, habló casi tres cuartos de hora. En su discurso dio esperanzas de que las relaciones con Washington puedan entrar en una nueva etapa.
El menor de los Castro desveló que había recibido «una carta de un ex presidente», probablemente Bill Clinton, instándolo a ofrecer «un gesto», dadas las nuevas perspectivas que se abrían con el senador por Illinois. Si se tiene en cuenta que Hillary Clinton será la ministra de Exteriores, parece evidente que se trataba de un mensaje directo del nuevo presidente, al que Raúl contestó con cuidadosa ambigüedad: «La era de los gestos unilaterales se ha terminado. Ojalá Obama tenga éxito, porque el día que quiera discutir con nosotros, discutiremos. Pero de igual a igual», dijo.
Las carreteras de Cuba están jalonadas de eslóganes revolucionarios que recuerdan hasta la saciedad frases de líderes guerrilleros como Fidel, Ché Guevara y Camilo Cienfuegos («Patria o muerte», «Hasta la victoria siempre»); de héroes de la patria como José Martí («Lo justo, a veces, por el modo de defenderlo, parece injusto»); y de recordatorios sobre las consecuencias del cerco comercial («Dos horas de bloqueo equivalen a todas las máquinas braille que necesitan los ciegos del país»). Pero en las carreteras también luce un lema en el que Cuba y EE.UU. coinciden, y que quizá pueda ayudar a acercarlos. El que Obama popularizó: «Sí se puede».