El cambio entra en la CIA

Tatiana López

INTERNACIONAL

Los republicanos critican la falta de experiencia de Panetta, un firme detractor del uso de la tortura en los interrogatorios

07 ene 2009 . Actualizado a las 03:12 h.

¿Puede un burócrata defensor de los derechos humanos y contrario a la tortura hacerse cargo de la dirección de una de las agencias de inteligencia más controvertidas de la historia? Preguntas como esta inundaban ayer la prensa estadounidense, después de que varios medios anunciaran que Leon Panetta será el nuevo director de la CIA. Se trata de un viejo conocido de las colinas de Washington, donde ha ejercido como congresista y como jefe de gabinete del presidente Clinton. Pero el hecho de que carezca de experiencia en el campo del espionaje ha desatado una encendida polémica.

Muchos expertos celebraron la elección de Obama como un primer paso para renovar una agencia tocada de muerte debido a su implicación en varios casos de tortura y de espionaje interno. Algunos congresistas republicanos aprovecharon, sin embargo, la ocasión para cargar las tintas contra un político con fama de bipartidista pero a quien su decantación liberal podría perjudicar a la hora de dirigir la organización.

Entre las voces más críticas destacaba especialmente la de la senadora por California, Dianne Feistein, quien no quiso esperar siquiera a la nominación oficial para declarar que «la agencia debe ser gobernada por alguien que haya trabajado en el campo». Feistein ejerce en la actualidad el cargo de presidenta de la Comisión de Inteligencia de su cámara.

Sin embargo, la falta de experiencia no es el único obstáculo de Panetta para ser ratificado. Sus publicitadas críticas al uso de la tortura durante la administración de George W. Bush podrían causarle enemigos en el interior de una organización conocida por su amplia flexibilidad a la hora de someterse a la legalidad internacional. Un asunto al que el propio Panetta hizo referencia el año pasado en un artículo publicado en The Washington Monthly , en el que aseguraba que «aquellos que piensen que pueden usar la tortura dependiendo de las circunstancias se equivocan plenamente».

Si bien le valían el reconocimiento de las organizaciones humanitarias, estas palabras provocaron ayer el sarcasmo de algunos expertos en inteligencia, para quienes la supuesta ingenuidad del próximo director supone no solo una desventaja, sino un peligro para la nación. «El principal problema es que esta no es una cartera cualquiera, sino que de ella depende nuestra seguridad nacional», aseguraba a The New York Times la catedrática Amy Zedartd.