Una de las razones de la ofensiva terrestre sería evitar que los cohetes palestinos alcancen esa instalación israelí donde se cree están almacenados misiles nucleares
03 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Diez mil reservistas israelíes han sido movilizados a las puertas de Gaza, listos para entrar en la franja. Lo que los analistas denominan «cambio en la ecuación estratégica», que habría provocado, en última instancia, esta guerra sin cuartel, se concentra en el peligro de que los cohetes palestinos puedan alcanzar la central nuclear de Dimona, en el desierto del Néguev.
La luz verde se encendió el martes cuando un misil Oghab palestino, con un alcance de más de 40 kilómetros, llegaba a la ciudad de Bersheba, a menos de 30 kilómetros de Dimona. Las cabezas nucleares israelíes, un tema de alto secreto , se calculan, según las fuentes, en decenas e incluso centenares? Gran parte, según se cree, estarían almacenadas en Dimona.
Ahmed Yusef, un miembro de Hamás, decía por teléfono desde Gaza que «Israel destroza nuestros edificios, pero nosotros seguimos aquí. No tememos nada. Ni que destrocen toda Gaza. Nosotros sobreviviremos porque estamos entre la gente». Para los fundamentalistas de Hamás, acrónimo de Movimiento de Resistencia Islámico, y de la palabra árabe fervor, morir por el islam, inmolarse por la causa, es la mejor manera de llegar al paraíso, el lugar donde aguardan las 70 hetairas.
Pero también es cierto que el más de millón y medio de palestinos que viven hacinados en Gaza no han tenido más remedio que recurrir a Hamás, a su rama social que actúa como una ONG, para conseguir comida, y servicios, desde escuelas a hospitales, gratis. El 80% de los gacenses viven por debajo del umbral de la pobreza, con ingresos inferiores a 80 céntimos de euro al día. Un millón de ellos subsisten gracias a la ayuda humanitaria de Hamás y de UNRWA, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos.
Negociar con Hamás
Aunque uno no comulgue con las ideas de Hamás, de ellos depende su subsistencia. El ex ministro de Exteriores israelí y padre de los cuasi acuerdos de Camp David, Shlomo Ben Ami, me decía que hay que negociar con Hamás, aunque estos no reconozcan al Estado de Israel. Argumenta que, si se han establecido canales indirectos con Siria, que no ama precisamente al Estado judío, no entiende por qué no se hace lo mismo con Hamás.
Hamás será el primer reto de la nueva Administración Obama, y de su secretaria de Estado, Hillary Clinton. El marido de esta, Bill Clinton, fue el propulsor de Camp David, después de Taba. Una materia doblemente pendiente, pues George W. Bush y Condoleezza Rice han tenido aparcado este acuerdo de paz durante casi una década.
«Ha sido un error marginarles», dice Shlomo Ben Ami, ex embajador de Israel en España entre 1987 y 1991, refiriéndose a Hamás, porque desde el momento en que un movimiento, sea Hamás u otro, decide entrar en política, toma una decisión que puede tener una dinámica que hay que estimular, que hay que darle aliento, en vez de cortarla. Sin esto, la respuesta es todavía peor. Eso es lo que ocurrió. Hamás no es un movimiento indiferente a cálculos políticos cotidianos, a pesar de su islamismo estratégico. Era necesario crear mecanismos de diálogo».
Porque, si no se habla con los enemigos, ¿Con quién puede ser más necesario hablar?