Tras la victoria de Obama, muchos dijeron que con una situación como la actual lo más probable es que olvidara las teorías ambientalistas y se dedicara a la política de siempre. Pero él no solo no las ha olvidado, sino que piensa convertirlas en la principal herramienta contra la crisis económica. La razón de todo está en sus propias palabras: «Nuestra dependencia del petróleo no afecta solo a nuestra economía, sino que perjudica gravemente nuestra seguridad nacional».
Y esa es la clave. No se trata únicamente de una teoría ecológica, sino del centro de su estrategia geopolítica. «Gran parte de los 800 millones de dólares que gastamos a diario en petróleo extranjero van a parar a algunos de los regímenes más inestables del mundo, como Arabia, Nigeria, Venezuela y, de forma indirecta, Irán».
Su plan energético, al que se ha llamado Apolo verde, como el Apolo que Kennedy puso en marcha en 1961 y que llevó a los estadounidenses a la Luna ocho años después, va a ser uno de los ejes centrales del mandato.
Algunos de los aspectos de este plan son: reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero un 80% para el 2050; que el 10% de toda la energía utilizada en el país en el 2012 provenga de fuentes renovables, y el 25% en el 2025, y eliminar la importación de petróleo de Venezuela y Oriente Medio en diez años. Además, plantea crear millones de puestos de trabajo verdes y convertir a EE.?UU. en el líder contra el cambio climático.
Lo que todo el mundo se pregunta ahora es ¿cómo lo va a hacer? La respuesta la tienen él y sus asesores, entre ellos parece que otro ecologista convencido como Al Gore. Y a la vista de la firmeza de sus reacciones, quizá solo él sea capaz de una hazaña mucho más importante que la de poner a un hombre en la Luna. Esta vez toca salvar el planeta.