Expansión comercial contra derechos humanos

La Voz

INTERNACIONAL

No es la primera vez que China se enfada a propósito de la comprensión que encuentra la causa del Dalái Lama en Europa o como consecuencia de la solidaridad europea hacia las víctimas de la represión política que ejerce Pekín. La pasada primavera, con motivo de los incidentes durante el paso de la antorcha olímpica por París y otras ciudades occidentales, el Gobierno chino mostró su malestar abiertamente. La cadena comercial francesa Carrefour, muy presente en China, sufrió una campaña de boicot y varias ciudades europeas fueron escenario de manifestaciones de apoyo al Gobierno.

Meses después, la concesión por parte del Parlamento Europeo de su premio Sajarov a la libertad de conciencia al disidente encarcelado Hu Jia o la condena europea a la ejecución del científico chino Wo Weihan, acusado de espiar para Taiwán, volvieron a poner sobre el tapete la dificultad de las relaciones entre los países de la UE y Pekín. Los primeros están interesados en que sus empresas se expandan en el vasto mercado del país asiático, pero los chinos les exigen a cambio que hagan la vista gorda con los numerosos atropellos a los derechos humanos que todavía son moneda común. Cuando esto no ocurre, como ahora con el Dalái Lama, Pekín deja ver que tendrá consecuencias. Así, el portavoz del Ministerio de Exteriores chino que trasladó ayer la posición de su Gobierno hizo votos para que la «gran insatisfacción entre el pueblo chino» que causó la recepción al líder tibetano no le haga «perder la calma» ante el conflicto. El tono no puede ser más amenazante.