Poco a poco se van despejando las pesadillas que le esperan al nuevo presidente de EE.?UU. y la económica no va a ser la única. Según el diario digital The Hunffintong Post, un grupo de asesores está estudiando cómo echar el cierre a la que quedará como una de las mayores vergüenzas de EE.?UU.: la prisión de Guantánamo. La tarea no parece fácil.
Obama dejó claro durante la campaña electoral que su intención era acabar con Guantánamo y con sus polémicos tribunales militares extraordinarios. El problema a resolver ahora es cómo hacerlo. Según los expertos, existen una serie de presos en la base que serían trasladados a EE.?UU. para ser juzgados por tribunales penales ordinarios con las mismas garantías que tiene cualquier detenido de este país. Otros cuantos serían liberados.
Pero el problema está en otro grupo que está en Guantánamo bajo la acusación genérica de terrorista. La cuestión es que las acusaciones que los servicios secretos tienen contra ellos no podrían llevarse ante un tribunal convencional o por la forma de obtención de las pruebas o porque implicaría graves riesgos para la seguridad de los servicios secretos americanos. ¿Qué hacer?
Los expertos contemplan dos alternativas posibles. La primera sería buscar países que los acojan, pero que no utilicen la tortura porque se vulneraría de nuevo la Convención de Ginebra. La segunda sería crear tribunales específicos para juzgar a estos presos. Pero la oposición a esta estrategia es múltiple, ya que se teme que lo único que haga es repetir Guantánamo en suelo estadounidense.
Según algunos medios, Bush ya tenía claro que había que cerrar el penal, pero decidió dejarle la patata caliente al presidente entrante.