El plan hipotecario del republicano divide a su partido

La Voz

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El plan para ayudar a los ciudadanos que no pueden hacer frente a sus hipotecas que se sacó de la manga esta semana John McCain ha causado malestar en los círculos más conservadores. Sus críticas no pueden llegar en peor momento, a cuatro semanas de las elecciones y sobre un tema que los demócratas no dejan de repetir que es el punto débil de su rival, justo ahora que el país se enfrenta a la peor crisis económica desde la década de los treinta. Segundo en las encuestas, McCain no se puede, simplemente, permitir el lujo de verse cuestionado desde sus propias filas.

Según el plan anunciado por sorpresa el martes durante el segundo debate presidencial, McCain promete básicamente comprar a los ciudadanos las hipotecas que no pueden pagar y reconvertirlas en préstamos con intereses más bajos. Su costo está calculado en 300.000 millones de dólares. La filosofía de esta propuesta choca frontalmente con uno de los pilares conservadores: que el Gobierno no debe salir en ayuda de los ciudadanos que han hecho malos cálculos, que se han equivocado. En este caso, que han sido irresponsables a la hora de meterse en gastos y contratar su hipoteca.

Todo ello en aras de la sacrosanta libertad individual que predican como valor supremo. Una premisa que atraviesa el ideario republicano de punta a punta y que es llevada al extremo por la derecha más radical.

La propuesta de McCain ha añadido sal a la herida abierta entre los más conservadores por el plan de rescate financiero diseñado por la Casa Blanca y aprobado por el Congreso, con el voto del senador por Arizona, y que consideran excesivo.

Su rival demócrata, Barack Obama, se ha unido a las críticas, advirtiendo que quienes perderán serán los contribuyentes, mientras que serán los bancos los que se beneficien.