El vicecanciller y ministro de Asuntos Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, se convirtió en el aspirante del SPD a quitarle el puesto a su jefa, la canciller Angela Merkel, una misión que contrasta con su imagen de afable.
De ministro casi invisible de la Cancillería de Gerhard Schröder, a cuya sombra creció, Steinmeier pasó a suceder en Exteriores al carismático Joschka Fischer y a ser ahora un miembro incómodo en el equipo de Merkel.
Steinmeier no ha sido hasta ahora un hombre fuerte en su partido y, sin embargo, está obligado a conseguir el apoyo de las bases. Da la impresión de que los grandes cometidos le llegan sin pelearlos, aunque detrás hay mucho trabajo oculto. Escaló posiciones en los índices de popularidad gracias a su gestión internacional o de los secuestros de ciudadanos alemanes en regiones en crisis.
Schröder confesó alguna vez que tenía confianza ilimitada en Steinmeier.