En medio de la ofensiva lanzada por Moscú en respuesta a la acción de Georgia sobre Osetia del Sur y de los esfuerzos diplomáticos para poner fin a la guerra, las críticas contra la actitud del Kremlin arrecian por todo el mundo.
A la vez, subió un grado más la escalada de tensión entre Moscú y Washington. El presidente George W. Bush desveló que había sostenido una fuerte discusión con al primer ministro ruso, Vladimir Putin, durante la apertura de los Juegos Olímpicos el pasado viernes y manifestó su «grave preocupación sobre la respuesta desproporcionada de Rusia». Desde Moscú, Putin lanzó ayer una agria diatriba contra EE.?UU, a cuyos dirigentes calificó de cínicos. El primer ministro arremetió contra la decisión de Washington de ceder sus aviones militares para repatriar a las tropas georgianas destacadas en Irak. Ilustró su argumento diciendo que «a Sadam Huseín, que aniquiló varias aldeas chiíes, hubo que colgarlo y a los actuales dirigentes georgianos, que en un instante destruyeron diez aldeas surosetios, que aplastaron con sus tanques a niños y ancianos y quemaron vivos a civiles, a esos, hay que defenderlos».
EE.?UU. tiene cientos de militares desplegados en Georgia, que aspira a ingresar en la OTAN y en la UE. Por su parte, Rusia quiere reactivar sus intereses en el Cáucaso tras casi dos décadas de cierta ausencia.
Las palabras de Bush encontraron eco en las del primer ministro británico, Gordon Brown: «No hay justificación para la continuada acción militar de Rusia en Georgia». Y en la canciller alemana, Ángela Merkel, que expresó la necesidad de «respetar la integridad territorial de Georgia», al tiempo que anunció que el viernes se reunirá con el presidente ruso, Dimitri Medvédev.
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, viaja hoy a Moscú para abordar la situación con Medvédev, y después se desplazará a Tiflis. Además, los presidentes de cinco países de la ex esfera soviética, Polonia, Ucrania, Lituania, Estonia y Letonia, acudirán urgentemente a Tiflis.