El primer juicio militar que se celebra en Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial comenzó ayer. En el estrado: el supuesto chófer de Osama Bin Laden, Salim Hamdan, quien se declaró inocente de todos los cargos.
El juicio se celebra en la base naval de Guantánamo, en suelo cubano. De ser considerado culpable de conspiración y de apoyar el terrorismo, este yemení treintañero podría ser condenado a cadena perpetua.
«Deberán escuchar imparcialmente las pruebas. Él tiene que ser considerado presuntamente inocente», dijo el juez Keith Allred, capitán de la Marina, al jurado formado por militares estadounidenses escogidos por el Pentágono, que presentará además dos decenas de testigos en un juicio, que podría durar entre tres y cuatro semanas.
Hamdan fue detenido en noviembre del 2001 en Afganistán, supuestamente con dos misiles tierra-aire en su coche. Sus abogados insisten en que simplemente era un chófer y mecánico sin relación con la cruzada de Al Qaida contra EE.?UU, que trabajaba al servicio de Bin Laden porque necesitaba el salario de 200 dólares que le daba. Hamdan fue llevado a Guantánamo en mayo del 2002, donde ha permanecido hasta ahora y fue uno de los primeros prisioneros en afrontar acusaciones de crímenes de guerra.
El Gobierno fue acusado de desafiar la legalidad de estos juicios militares, lo que provocó que el Tribunal Supremo dictaminara que estos debían ser rediseñados para ofrecer mayores garantías procesales a los acusados, aunque, según organizaciones de derechos humanos, todavía no son suficientes, especialmente porque existen más que sospechas de que muchas de las confesiones de los prisioneros fueron obtenidas a la fuerza.
El Gobierno de EE.?UU. ha acusado hasta ahora a 20 prisioneros de Guantánamo, pero espera juzgar a un total de 80.