La catástrofe causada por el Nargis ha disparado los precios de los alimentos básicos y del combustible, cuando los ciudadanos de Birmania soportaban ya el peso de la creciente inflación y avistaban la quiebra de su país.
Desde que el ciclón arrasó el delta del río Irrawaddy, despensa arrocera y tumba de la mayoría de las víctimas, el precio del cereal se ha duplicado en los mercados de Rangún, que, con cinco millones de habitantes, es la mayor ciudad del país.
Antes de que las aguas anegaran miles de hectáreas de arrozales, un cuenco de arroz -la ración diaria habitual de una familia- costaba 800 kyats (2,5 dólares al cambio oficial) y 90 centavos en el mercado negro. Los birmanos pagan hoy, por la misma ración, 1.600 kyats, el doble.
«El precio sube cada día, y también cada vez hay menos arroz», dijo Thit, tendero del bazar de Tamwe. «Mi pensión no llega a los 700 kyats. Con ese dinero, sepa usted, que ni puedo tomarme un té», señala Khin Myat, un ex funcionario municipal jubilado de 79 años.
«Ya he dejado de soñar sobre el futuro que iba a dar a mis hijos», se lamenta una mujer, que no parece impresionada por el demoledor dato de que cerca del 90% de las familias birmanas gastan en comida el 80% de sus ingresos.