La desidia de los generales espolea el descontento

Ángel Escamis

INTERNACIONAL

Los más de 22.000 muertos, los 30.000 desaparecidos y la destrucción causados por el ciclón Nargis en Birmania han espoleado el descontento popular con la Junta Militar de Birmania, que desatiende las necesidades urgentes de la población.

Cientos de miles de birmanos que han perdido sus hogares y cosechas deambulan en busca de cobijo en los pocos edificios gubernamentales que se aguantan en pie. Las carreteras y las líneas ferroviarias que conectan Rangún con las ciudades del sur están cortadas. «Hoy tampoco saldrá ningún tren hacia el sur», dijo Tin Htway, empleado de la estación central de Rangún.

En medio del desastre, los diarios birmanos, todos controlados por el Estado, informan de las visitas que efectúan en helicóptero los generales a la región del delta del Irrawaddy y de las promesas de asistencia a los damnificados, pero no mencionan que el Gobierno ha aceptado recibir ayuda humanitaria de la comunidad internacional.

La cadena estatal MRTV ofreció imágenes de los altos mandos militares repartiendo alimentos, agua y medicinas. Incluso se pudo ver al primer ministro, Thein Sein hablar, con los damnificados del Irrawaddy.

Entre los ciudadanos de Rangún, que sufren en silencio, se aprecia una actitud de resignación, pero bajo la superficie hay incertidumbre, descontento y, sobre todo, mucho miedo al régimen. «Es un mutismo impuesto con las armas, somos como los esclavos de la Junta», denunció un birmano de 37 años, que participó en la revuelta de septiembre del 2007.