La partida por hacerse con el tablero estratégico, geopolítico y económico de las ex repúblicas soviéticas Ucrania y Georgia tuvo un claro ganador: Rusia.
El freno a la ampliación del bloque militar occidental hacia dos ex miembros de su á lter ego en tiempos de la guerra fría, el Pacto de Varsovia, representa una gran victoria para Vladimir Putin, semanas antes de dejar el Kremlin -no así el poder, ya que en mayo pasará a ser el primer ministro de Rusia-. Y es una bofetada para George W. Bush en su año como lame duck (pato cojo), término que se aplica a los presidentes estadounidenses en sus últimos meses de mandato.
Para la vieja Europa la entrada de estos dos países en la OTAN significaría ganarse un problema más con Rusia -de cuyas reservas gasísticas dependen Estados como Alemania-, y considerando que con Kosovo la cuerda ya está bastante tensa. En su descargo, Bush puede aducir que al menos logró el compromiso de los aliados para que Georgia y Ucrania entren «un día» en la OTAN.
Otro tema es el del escudo antimisiles. Y esta vez la derrotada fue Moscú, tras el apoyo de la OTAN al proyecto norteamericano en Polonia y la República Checa.
Para aliviar tensiones y despedirse, Bush y Putin se reunirán este fin de semana en el balneario de Sochi, a orillas del mar Negro. En la siguiente cumbre, el presidente ruso Dimitri Medvédev se verá las caras con un nuevo interlocutor norteamericano: Obama, Clinton o McCain.