El Gobierno elude dar una respuesta oficial y da por zanjado el asunto tras rectificar el organismo internacional
04 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El presidente de la comisión de coordinación del Comité Olímpico Internacional (COI), el holandés Hein Verbruggen, comparó ayer la situación en el Tíbet con la del País Vasco, Guantánamo e Irak y añadió que no le corresponde a su organización hablar de estos asuntos. También criticó la politización que se pretende hacer de los Juegos Olímpicos por los políticos que han llamado a boicotearlos.
El COI se desmarcó de estas declaraciones realizadas en Pekín por uno de sus máximos representantes y ex todopoderoso responsable de la Unión Ciclista Internacional (UCI). Fuentes del organismo, que no quisieron ser identificadas, señalaron que no compartían lo dicho y que se trataba solo de un «comentario personal». Fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores consultadas por La Voz calificaron de «desafortunadas» las declaraciones, aunque dieron por zanjado el asunto después de la rectificación del COI, por lo que el Gobierno no dio una respuesta oficial. «Cualquiera que conozca el Tíbet y el País Vasco sabe que no tienen absolutamente nada que ver, por lo que la comparación no tiene razón de ser», aseguraron.
La reflexión de Verbruggen fue la siguiente: «Si miro a las ciudades candidatas a los Juegos del 2016... ¿Debería el COI estar obligado a hablar, porque Madrid es candidata, de las pretensiones del País Vasco de ser independiente de España? O el COI, porque Chicago es candidata, ¿tiene que pronunciarse sobre Guantánamo o Irak». Su respuesta a sus propias preguntas fue esta: «Tenéis ante vosotros a un gran defensor de la regla de que el COI no debe involucrarse en política o hablar de asuntos políticos. No somos una organización política».
En todo caso, Verbruggen admitió la relación entre política y deporte, pero subrayó que eso «es algo totalmente diferente a involucrarse en políticas de otros países». Pero de nuevo volvió hacerlo con otro ejemplo: «Ir a Australia y decirle al Gobierno: primero tienes que arreglar tu problema con los aborígenes; si no, no vendremos. Ese no es el asunto. Hay una línea muy gruesa entre ambas cosas».